Tuesday, December 3, 2013

Siempre fui atea. Desde que aprendí que la tierra era esférica, y que giraba alrededor del sol, y que la materia estaba echa de átomos, y desde que leí a Hawking y a Einstein y a Heisenberg. Desde el magnetismo, y la termodinámica, y la filosofía, y las conversaciones con mi madre y con mi padre a la hora de comer. Pero creía en otras cosas ¿sabes? En cosas que para mí eran importantes. No sé, en una sonrisa a destiempo, en un abrazo, en la importancia de decirle a la gente lo importante que es para ti, en el amor, en los finales felices, en que cuando quieres a alguien puedes con el mundo y con el universo, en una mirada, en una palabra que alivia el dolor, en todas esas cosas. Y ahora, no sé, siento que soy sólo una cáscara vacía. Cómo si todo lo que más he querido me lo hubieran arrancado injustamente, y ahora ya nada valiera una mierda. Como si todos los ideales que construí en una difícil adolescencia, se hubieran caído de golpe. Y aquí estoy, intentando entender por qué ya no está, y ya no estoy, y por qué dentro de mi hay una nada creciendo. Y cómo no fui capaz de llorar, porque me sentí tan fuera de mi misma que parecía que nada podía tocarme el alma. ¿Y si las lágrimas que no cayeron me han hecho de hielo? ¿Y si ya el caparazón no deja pasar el calor? Siento que algo es diferente. Sí, sigo siendo atea, pero además, he dejado de creer en eso que hacía que la vida fuera algo así como una montaña rusa a mil por hora. Y nada es peor que sentirlo templado. Nada es peor que sentirlo tan neutro. Necesito mis picos. Y ahora no los tengo. Ya no los tengo.

Y mis hijos,
no tendrán esos ojos,
ni esa forma de andar
ni de hacer el tonto.

Seguramente,
los tendré yo sola.
Sin nadie al lado
que me haga sonreír por las mañanas.

Sólo ellas y yo.

Y si no las tengo,
sólo mi colega peludo y yo.

Llámame infeliz de mierda,
pero ya no creo en nada.
Esango nizkizukeen gauza guztien artetik, bat aukeratu beharko banu, hauxe litzateke: ez iezaiozu munduari utzi zure irribarrea zapuzten. Ez orain, ez inoiz. Mesedez, ez amore eman. Eta gogoratu, mundua beltz ikusten duzunean, denak zentzurik ez duela iruditzen zaizunean, eseri eta borroka egiteari utzi nahi diozunean, negar egiteko gogoak itotzen zaituenean, orduan, ni agertuko naizela. Ezerezetik. Eta Mikele deitzen naizen bezala, eta eguzkia ekialdetik ateratzen den bezala, zihurtasun berberaz, irribarrea piztuko dut zuretzat. Zin dagizut horrela izango dela. Zin dagizut maitea, beti horrela izango dela.

A él le diría, que desde el segundo cero,
ya me tenía,
y que bajo esas estrellas
pedí un deseo que sabía que no se cumpliría
pero que no pude evitar: que aquello no se acabara.

Y a él,
que podría haber estado
dando vueltas por el mundo cuarenta años
o más, y que seguramente
en ningún rincón
encontraría a alguien tan jodidamente genial.

Y a los dos,
que les quise
con todo mi corazón
desde la primera sonrisa.
Lo llorica que soy no es normal. Ya no sé que peli puedo ver que no me haga llorar como si no hubiera mañana. Y empiezo, y que no paro. Es increíble.
Debajo de cualquier farola.
Una noche de viernes.
Lloviendo.
Quizá entonces sí.
Detrás de cada quizá,
se escondía un 'joder, me tiraría de cabeza'.
De una manera desgarradora.
Cuando el dolor del otro,
se convierte en tu dolor,
y lloras con su tristeza.
Prefiero que me arranquen un brazo,
que verle a él sufrir.
Y es tan jodidamente cierto,
que acojona.

Más le vale estar sonriendo.
Que esos ojos azules eran diferentes,
y que nadie jamás bailará como él.

Monday, December 2, 2013

Y puede que también tuviera esa forma de andar,
y ese pelo,
y ese gesto específico,
que te hacían pensar,
wow, que pasada.
Y puede que también
influyera
el hecho de que
nunca te hubieras imaginado
que en un lugar tan corriente
hubiese alguien así,
alguien capaz de dejarte sin aliento.
Y puede que también
yo fuera jodidamente estúpida
y no fuera capaz
de decirme: Make, ¿eres idiota o que te pasa?
Y en ese plan.