Es difícil, alejarse del verde y de la lluvia. Del viento frío que me revuelve el pelo y del mar más bonito que han visto mis pupilas. Es difícil, alejarse del "agur", del "quedamos en el Xau", del sabor a casa. Es difícil, joder, es difícil. Pero os juro que no hay nada más difícil que alejarme de las sonrisas más jodidamente tiernas que me he encontrado en la vida, de los corazones de azúcar y las miradas que saben a chocolate con almendras. Es difícil, alejarse de ellas. Cuando la música suena y el tiempo se para y somos nosotras por una eternidad. Cuando la risa es fácil y las carcajadas rompen los miedos. También cuando el rimmel se corre y se nos encoge el pecho, y sabemos sacarnos sonrisas a través de la tristeza. Son mis hombros, en los que me apoyé cada vez que no podía más. Los hombros por los que mataría. La vida sigue, y mientras ellas se quedan yo pongo rumbo al sur. Vuelvo a ti, Madrid. Vuelvo a tus calles. Esas calles que no me sé de memoria pero anhelo conocer, esas calles que ya he pisado y a las que quiero volver. Quién lo diría, que después de tantas lunas y tormentas sería capaz de encontrar un rincón en el que pudiera ser yo sin condiciones. A pesar de esas canciones, a pesar de los recuerdos.Y tengo que darte las gracias, ciudad de un millón de caras y un sol diferente, porque aunque me acojono cada vez que pienso en lo enorme que eres, cuando menos me lo espero, me das alas, y vuelo.
Monday, December 26, 2016
Thursday, December 22, 2016
las últimas líneas de ese poema de Eliot. la carne de gallina. respirar y sentir que se te llenan de miedo los pulmones. bajar las armas, resignarse. tus ojos son un lanzallamas dirigido a mi espina dorsal, pronto estarás quemándome los átomos. y yo intentando escribir en las nubes. intentando dejar colgado por ahí algún poema que hable de algo parecido a perdonarnos. cuanta mierda dejé guardada en el lado izquierdo del miocardio. cuanta mierda que hoy aún me sigue pesando. apunté tu número de teléfono en la parte de arriba de una de las últimas páginas de esa libreta. sabía que nunca volvería a usarlo, pero no fui capaz de tirarlo a la basura. no me preguntes por qué, anduve al revés casi toda la vida. suspiro. intento entender lo que tengo debajo de la piel y sólo me entran ganas de arrancármela a jirones. tanto desastre no puede ser bueno. pero aprendí a llover. a bailar a contrapié cualquier día entre semana. y ya no dejaré que nadie me apague las ganas. a pesar de los monstruos y todos los semáforos en ámbar. a pesar de las noches de hielo y las ojeras que saben a cagarla. soy una maraña de nervios y ruinas que se desangra cada vez que empieza a desnudar palabras. y qué fácil fue escribir cuando el mundo era ceniza. qué fácil naufragar con tu voz en mis costillas.
una vez más invierno. pero mis ojos brillan tan primavera que hasta mis canciones se han puesto a bailar. aprender a reírse en medio de la tristeza también es un arte. yo y mi locura lo aprendimos hace tantas lunas que ya no nos da miedo salir a correr, a volar... a lo que sea.
Monday, December 19, 2016
Me gustan más que el chocolate o el olor a lluvia, más que desayunar y volverme a meter en la cama, más que el sonido de las olas o la sensación de sumergirme completamente en el agua. Y mira si me gustan todas esas cosas. Bueno, pues ellas me gustan más. Me sonríen y me apagan los miedos, y cada vez que nos reímos juntas conseguimos parar los relojes. La vida sabe a azúcar y a mantas de lana, a días de sol y fútbol, a mi canción favorita. Y no sé cómo puedo meterlas dentro de unas líneas, si el universo entero les queda pequeño, si el infinito les queda pequeño, y están llenas de luz y magia, y son los corazones más bonitos que conozco, y son como todas las cosas guays del mundo metidas dentro de unas personitas alucinantes y nunca nunca nunca me voy a cansar de ellas. Y hay distancias, y a veces los días pesan, y no las ves y es difícil, y el mundo se vuelve más feo, pero siempre llega un momento en el que las vuelves a ver, en el que os volvéis a abrazar con la misma fuerza, con las mismas ganas, y dentro del mismo bar, somos las mismas, riéndonos juntas, hablando de la vida y haciendo de las penas un poco menos penas, escuchándonos, entendiéndonos, queriéndonos a rabiar. Y es que a veces es fácil. A veces miras dentro de unos ojos y sabes que has vuelto a casa. Que el sol vuelve a brillar y la vida vuela. Con ellas soy yo.
Con ellas soy como una niña con unas Timbs nuevas.
Saturday, December 17, 2016
No la conoces, pero la conocerás. Aparecerá con prisa y sin avisar en cualquier esquina de la ciudad, te atracará a golpe de sonrisa. Irá con paso torpe y despistado, pero sus ojos son una brújula que siempre marca el sur, no se desvía del camino. Tiene claro lo que quiere y va a buscarlo. Pensarás lo mismo en el segundo en que la veas. Todas las demás sonrisas del mundo te parecerán fingidas comparadas con la de ella, y sentirás que pagarías todo el oro del mundo porque te sonriera sólo a ti. Pero eso no pasaría ni en un millón de vidas, porque no sabe vivir sin sonreír: a su abuela, a su hermana, al hijo pequeño del vecino, o al desconocido que se cruza antes de entrar en la panadería. Ella es así. Está llena de luz y de colores y puede pintar la ciudad de arcoiris hasta en los días más grises. No le tiene miedo a nada, y sería capaz de cruzar medio mundo descalza sólo por llegar hasta los corazones que le importan y preguntarles si están bien. No soporta cuando la gente llora, y siempre está intentando inventar cuentos que acaben con sabor a chocolate. La mayor debilidad de su vida son los niños, y es que una parte de ella sigue siendo una niña. Como cuando ve un parque y se monta en los columpios, y la observas y te das cuenta de que se le han llenado los ojos de sueños. No, no la conoces, pero la conocerás. Te pondrá del revés y nervioso los días en que llegue tarde y no sepas por qué, o cuando hable tanto que no sepas callarla. Pero ella se dará cuenta y de repente saltará y se reirá, y te dirá de sopetón: "te estoy aburriendo, ¿no?" Y entonces tú te darás cuenta de que en realidad nada de lo que hiciera podría aburrirte jamás, que con ella la vida es como una puta montaña rusa que no quieres que pare. Y esas son las personas que merecen la locura, esas que hacen que la vida sea una montaña rusa constante, una aventura, un laberinto de emociones del que no sabes salir, pero no importa, porque en realidad quieres quedarte. Ella será la chica que hará que todas las demás te parezcan aburridas, la que cantará mal pero a la que querrás escuchar, la que te sacará de quicio pero no querrás que se aleje ni un centímetro, la que te enseñará que debajo de unos ojos se esconden un sinfín de universos en los que querrás perderte. La que estará loca de remate y hablará de cosas que no entiendas y a veces querrá salir a volar sola, pero si la sabes cuidar siempre volverá al lado del colchón que lleve tu nombre. Siempre volverá a la orilla de tu nuca, para susurrarte al oído cuando menos te lo esperes que eres el poema más bonito de la historia, y que no habrá día en la tierra en el que no vaya a querer leerte. Escribirá canciones que sabrán a ti, hará cosas imposibles por encender tu sonrisa. Y quizá no lo entiendas, pero te hará creer.
No la conoces, pero la conocerás. Y un día te despertarás a su lado, y mientras todavía esté dormida la mirarás y te darás cuenta de que las personas que de verdad cambian tu vida son las que jamás te hubieras esperado. Como ella y su torpeza. Y esa forma que tiene de decirte que la vida es más bonita desde que tú la haces reír.
No la conoces, pero la conocerás. Y un día te despertarás a su lado, y mientras todavía esté dormida la mirarás y te darás cuenta de que las personas que de verdad cambian tu vida son las que jamás te hubieras esperado. Como ella y su torpeza. Y esa forma que tiene de decirte que la vida es más bonita desde que tú la haces reír.
Wednesday, December 7, 2016
Se van y vuelve el frío. Mi alma se congela y se me olvida sonreír. Mis pulmones hechos mierda y la vida llena de margaritas negras. A veces es así. Sí, a veces es así, a veces duele. A veces los vértices se te llenan de plomo y todos los sueños se te oxidan en las manos. A veces no hay manera. Estoy tarareando canciones que saben a tristeza, desde aquí me duelen los kilómetros. Todos esos abrazos que no doy, que se quedarán sin dar. Igual que todos esos besos que te debí y nunca te cobraste. Aprendí a vivir con las distancias, a estar a no sé cuántas canciones de mis corazones favoritos. Aprendí a mirar desde otras ventanas, a salir a la calle sabiendo que no olería a casa. Aprendí a sentir en diferido, a hablar a través de pantallas, a estar siempre en otras coordenadas. a veces, a veces no hay manera. No hay manera de no sentir que se me parten las costillas, que se me rompen las sonrisas. No hay manera de no sentir que la vida es mucho menos azúcar cuando todas esas melodías que me sé de memoria no están rondando cerca. Y los pulmones se me llenan de escarcha cada vez que los abrazos se terminan, cada vez que cogen el tren, el avión, el autobús... cada vez que yo me quedo. Pero no es tan grave, las poetas nos llevamos bien con la tristeza, empezamos a brillar las noches de nostalgia y tinta negra, como si sólo supiéramos andar bajo el fulgor de esos recuerdos. Como si sólo supiéramos cantar con las luces apagadas.
Otra vez esa canción. Mierda.
Otra vez esa canción. Mierda.
Thursday, November 24, 2016
La luna. El universo paralelo de unos labios que no rozas. Canciones que saben a noches de verano y cerveza. A reírse hasta que el mundo se acabara. A saltar todas las verjas. A locura. Las farolas tiritando en unas calles desconocidas y yo partiéndome la camisa mientras te tarareo. Eres música mezclada con avellana y chocolate, algo parecido a un huracán indomable. Estoy nerviosa, siento el vértigo hasta la punta de mis botas, y la noche no me sirve para calmarme los miedos. Mis monstruos se sientan conmigo a ver cómo el universo se desploma, y en un abrir y cerrar de versos me encuentro con ella otra vez. Es la más bonita de todas mis musas, pero sabe que esta vez no voy a poder. Que hoy no lluevo. Estoy de rodillas al borde de una alcantarilla por la que tiro todos los poemas que llevaban tu apellido. Joder. Quién puede entender que un sólo corazón pueda latirte tanto. Quién puede entender que después de 86 universos todavía me queden restos de ti en las ojeras.
Respirar, que los pulmones de me llenen de átomos helados. Esperar que el invierno pueda llevarse las cenizas. Nevarme encima, dejarlo todo en blanco. Como si debajo de esta carne y estos huesos tú jamás hubieras respirado. (Como si aquella vez de verdad no hubieras estado.)
Tuesday, November 15, 2016
Poemas muertos a la luz de las cinco de la tarde, hay otoños que no caben en unas pupilas. Matices de melodías que suenan a nostalgia, que huelen a leña recién cortada, que saben a su colonia mezclada con sal. Hubo un tiempo en el que reí al filo de su nuca. No recuerdo haber besado un lugar tan especial.
En medio de esta avenida de rostros sin nombres, estoy intentando entender por qué mi pecho se estremece, por qué sentí ese escalofrío a una hora cualquiera de un día cualquiera. Por qué te miré y te sonreí. Y por qué sentí luego tanto miedo. Tanto, tantísimo, que el aliento se me congeló y no le supe poner nombre a mi suspiro.
Ayer la luna estaba llena y yo salí a verla. Como quien mira desde lejos al que llega sin prisa, la observé en su plenitud con el corazón temblando. Mis manos seguían vacías, mi sombra seguía a mis pasos, pero en mi cabeza, por un segundo, por un instante, por un latido, entraste tú. Sin llamar y de puntillas, como quien no quiere ser visto. Como quien no quiere ser visto pero encuentras in fraganti brillando más que ella. Dile, por favor, que no se enfade contigo. Que yo te he puesto ahí, sin previo aviso y de la peor manera. De la peor puta manera.
Si no vas a venir apágame estas ganas.
De ti.
De todo.
Sunday, November 13, 2016
- ¿Sabes qué es lo mejor? ¿Quieres que te lo diga? Que a pesar de lo que puedan llegar a pesarte los hombros, a pesar del nudo en la garganta o la presión en el pecho, cuando amanece y ves el sol, y sales y es otoño, y hay niños jugando, y ancianos paseando, y el viento es frío y te corta la cara pero a la vez te hace saber que eres real, que existas, que respiras... entonces, en ese momento, sonríes. Por nadie, por nada. Sólo sonríes. Y es cómo lo más sincero y revelador que puede pasarte. Un gesto que puede parecer insignificante pero que está diciendo: que les jodan, esto es la polla. Y eso no te lo pueden quitar.
- Estás loca.
- Puede. ¿Y qué?
- No, nada. Sólo quería subrayarlo.
- ¿Pero qué tiene de malo?
- ¿El estar loca?
- Sí.
- Bueno, no sé, todo, ¿no?
- ¿Todo?
- No, a ver, tampoco todo. Pero no sé, no eres realista. Estás viviendo en tu mundo de yupi particular y la vida no va así. La vida a veces es una mierda, y apesta, y da asco, y es como un agujero negro gigante, y te lo tienes que comer con papas.
- ¿La vida? No, la vida no es así. Así es la sociedad, el mundo, esta maraña de capitalismo y miseria, este sin sentido continuo que hace que los seres humanos saquen lo peor de ellos. Y, a veces, también lo mejor, no diré que no. El problema es el sistema. Y no voy a entrar en detalles porque me aburro y gasto saliva para nada. Pero la vida no, la vida no es eso. La vida son colores, días de otoño perfectos, atardeceres llenos de luz, tormentas, chaparrones, un campo entero de flores, animales, bosques, océanos... mirarte las palmas de las manos y saber que estás. La vida son sueños, y risas, y lágrimas, y besos, y más besos, y abrazos, y carcajadas, y días malos, y días buenos, y música, y libros, y personas que son magia, y caminos inexplorados, y cielos eternos, y aromas, y sabores, y texturas... y pisar la arena y quemarte, y bañarte en el mar y sentirte libre, y gritar hasta que te duelan los pulmones, y mirar a esos ojos que te ponen tan nerviosa, y temblar, y sentir que te caes, y volverlos a mirar. Y cantar, y bailar, y saltar, y volver a cantar. Y enamorarte, y desenamorarte, y que te rompan el corazón, y que lo recompongas. Y todas esas cosas que nos atraviesan. Que nos mueven de verdad. Que nos emocionan. Así que a mí no me digas nunca que la vida es una mierda.
- Vale.
- ¿Sigues pensando que estoy loca, verdad?
- Sí, pero te quiero igual.
La miró y sonrío. Sí, era verdad que la quería. Llevaban juntas toda una vida, eso era innegable. En medio del parque, se puso entonces a darles patadas a las hojas secas que había en el suelo. Era genial verlas volar. Miró a su amiga sonriendo:
- ¿Y sabes qué más?
- Dime.
- Tú también deberías volverte loca de vez en cuando. La vida es demasiado corta para toda esa mierda. Sopla. Ya verás como se va. Mira, ¿te has dado cuenta de que la luna hoy está super naranja?
Wednesday, November 9, 2016
Domingo de sol y tristeza. Voy a escribir un maldito poema. Voy a escribirlo desgarrando las yemas de mis dedos: sangrando, matando, muriendo.
Domingos raros, extravagantes, de esos que ya no quiere nadie. Domingos sin manos a las que agarrar, a las que agarrarte. Domingos de mantas, y dudas, y miedos. Domingos que hace años nunca fueron así. Domingos que ahora son así demasiadas veces. Domingos. Domingos eternos. Y yo y esta obsesión por no parar de escribir. Por no parar nunca.
Se van y lo dejan todo vacío. Se van y vuelve el frío. Se van y yo me quedo. Yo me quedo. Pero en medio del ruido y de la oscuridad a veces aparece. Aparece y es como Campanilla, como un rayo de luz en medio de la mierda, como una canción de esas que te despierta, como una caricia inesperada al filo de la nuca, como un soplo de viento, gotas de agua. Aparece y se queda justo pegada a mi espalda, hablándome de cosas que no entiendo y que no importan. Susurrándome al oído poemas de Lorca que recorren toda mi espina dorsal y me hacen polvo. Pero es ella, es ella y está. Y la vida es menos dura cuando baila en mis rincones.
Porque nada puede ser tan malo si la tengo.
Nada puede ser tan malo si la tengo, y, encima, decide quedarse a dormir.
Tuesday, November 1, 2016
jugar con fuego y quemarse. sentir arder las yemas de los dedos y no rajarse. atreverse. desvestir todos los miedos que tuvimos cuando empezaron los truenos. desnudar el alma, renacer en medio de las llamas. respirar y tirarse de cabeza. inmolarse en una espiral de locura y ganas.
ganar. las batallas que pasamos toda una vida perdiendo. abrir las alas, saltar al mar, volver a enamorarnos del invierno. las flores congeladas, el viento partiéndonos los labios, y yo buscando tu pelo por todos lados. lo volvería a hacer un billón de veces, y en ninguna chocaría contigo. pero qué bonito fue soñarlo, soñarte.
ahora estoy en otro puerto y el océano es tan grande que a veces me cuesta respirar. pero es azul y brilla, y no quiero estar en ningún otro sitio, y quiero estar en cualquier otro sitio. la dualidad, el hormigueo interno que no me deja pensar. que me la sude.
porque hay días en la que la tristeza se me agarra a cada vértice, y parece que no va a parar de llover en más de 700 lunas. pero yo hace tiempo que me enamoré de la lluvia, y ya no le tengo miedo al diluvio universal.que venga. que venga la tormenta más devastadora de la historia. estaré esperando en sonrisa y sin paraguas. mírame, con el pelo empapado y los ojos ardiendo, entregándome al huracán con los brazos abiertos.
ya no tengo miedo.
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