Tuesday, January 10, 2017

Hace tanto que no veía algo tan bonito como tú que no sé qué hacer con las palabras. Intento ponerlas en orden, hacer que bailen al compás de tu risa, pero no lo conseguiría ni en un millón de vidas. Eres demasiado todo-eso-que-nunca-supe-escribir. Y seguramente no te hayas dado cuenta aún, de que cuando te ríes el aire se llena de luz, la vida se viste de fiesta, y los que estamos cerca nos rendimos. Nos rendimos porque no puedes saber más a chocolate, a dibujos animados, a viernes por la tarde. Joder, no sé qué hacer con tu locura, con el matiz de tu voz, con esa forma de andar que ya me sé de memoria. No sé qué hacer con todo eso que sin querer, ya sabes. Con todo eso que. Y con todo lo que. Y así unas cuantas veces más. Puedo volverme más loca todavía, y eso acojona a un nivel exponencial. Pero tú no pasas veinte veces en la vida. Tú pasas una vez. Y si te dejo pasar, sin haberme dejado la piel y las palabras, ¿con qué cara podría mirar luego a la vida?

Hace mucho tiempo que no veía algo tan bonito como tú. Y quiero que me pases, muchas veces mucho. Y luego...


Tuesday, January 3, 2017

Escrito a 3/1/2014

Puedo contarte muchas cosas. Por ejemplo, cómo Harry al final acabó con Voldemort, y cómo Ron se casa con Hermione. Cómo Heisenberg postuló su principio de indeterminación y en qué consiste. Puedo hablarte de Marx y de la plusvalía y del comunismo. O de Kant y el imperativo categórico. Puedo contarte todo eso de cómo empezó la escritura, en qué partes del mundo, y qué utilizaban para escribir antes de la invención del papel. Es interesante, aunque para ti igual sería un rollo. Puedo hablarte de la Guerra Civil Española, o de la Segunda Guerra Mundial, y de cómo el ser humano se volvió completamente loco. Puedo hablarte de poesía. Hablarte de Machado, de Hernández, de Neruda. Y de algunos autores ingleses también. Pero no sé por qué me da que eso no te gustaría. Puedo contarte cuales son mis libros favoritos, y cuales no me gustan nada. Te puedo nombrar a unos cuantos genios de la literatura y probablemente te podría citar a bastantes. Puedo contarte qué películas he visto, qué actores me parecen buenos, a qué actrices besaría, y qué final es el más bonito de todos (de entre las pelis que haya visto, claro). Puedo intentar explicarte lo que es el IPC y todo eso de la macro y micro economía. Me sé bastante bien eso de la recesión, o eso creo. Igual ya se me ha olvidado. Puedo hablarte de fútbol. No sé si sería capaz de darte muchos datos, pero lo podría intentar. Soy del Athletic y quizá eso podría ser un problema. Seguramente acabaríamos discutiendo. Pero podríamos hablar del mundial del 2010, o del de 2006, que todavía me acuerdo de cómo fue la final. Te podría contar cómo me quiero poner el número de Etxeberria en mi camiseta, y también cómo me gusta la selección Alemana, y como no me gusta nada la de Italia porque creo que son unos cerdos jugando y sólo saben jugar a defender y se cierran atrás casi siempre y eso no me gusta. Y puedo contarte como me gusta Wayne Rooney, o cómo creo que Drogba hizo una Champions brutal. Y también cómo me gustaba Benzemá, pero ya no porque se ha ido al Madrid, y a mí no me gusta el Madrid. Y cómo creo que hay jugadores que son muy buenos pero son gilipollas y no los aguanto, y cómo creo que hay otros que sudan la camiseta, y no son tan buenos, pero sienten los colores, y son buena gente, y me caen muy  bien, y esos molan mucho. Y cómo desde pequeña he jugado a fútbol en mi patio, y yo luego quería jugar a fútbol, pero no me apunté, porque mis amigas no se iban a apuntar, y con las del otro cole no quería porque no me llevaba con ellas, y entonces hice balonmano, pero era super super mala y siempre estaba en el banquillo y lo pasaba fatal en los partidos, porque si el entrenador me sacaba siempre la cagaba porque era pésima. Y también podría contarte cómo ya de mayor, con 19 años, busqué un equipo en la ciudad, y me apunté y jugué otra vez, y fue lo mejor del mundo, porque uno de los sonidos que más me gusta es cuando le das al balón, y ese sonido, cuando le pegas bien, es una pasada, y cómo me gustaban los partidos de los entrenamientos y qué feliz era. Pero luego en los partidos lo pasaba tan mal por la presión y porque sabía que la iba a cagar y todo eso, que lo tuve que dejar al final, por la ansiedad. Y me dio mucha rabia, porque yo quería jugar a fútbol siempre. Y te puedo contar también cómo el segundo deporte al que jugaría sería el basket, y cómo mi jugador favorito fue Iverson, pero ahora es Lebron, y cómo me gusta la NBA y esos tíos son increíbles. Y también cómo empecé a seguir a Phelps en las olimpiadas del 2004 en Atenas, y cómo me enamoré, y cómo creo que es el mejor del mundo, y cómo batió el record de Mark Spitz en Pekín en los juegos de 2008. Y también te puedo contar toda la vida de Eminem, y decirte los premios que ha ganado, y decirte toda su discografía, y darte la lista de todas sus canciones. Pero eso seguro que no te importa nada. Y te puedo contar también cosas de política, nacional e internacional, aunque en ese terreno creo que tu tendrías mucho más para contar. Te puedo hablar de Estados Unidos y su política, de la ONU, y de la OTAN, del consejo de seguridad, y de toda esa mierda. Y puedo contarte cómo aprendí a tocar el violín, y si quieres puedo enseñarte. Y puedo contarte cuentos, todos los que quieras, los que me sé, o los que me inventé, porque me gusta inventarlos, y me gusta contarlos también. Pero no sé si te gustan los cuentos. Y bueno, puedo contarte muchas cosas más, algunas igual te parecerían interesantes, y otras una tontería absoluta.

Pero joder, no quiero hablar.

¿Me dejas besarte?





No hay nada mejor que el olor del cola-cao por la mañana. Nada mejor que aprender a disfrutar de tu soledad, mientras la vida te da una oportunidad para empezar de nuevo. Nada mejor que saber que aunque estemos lejos estamos increíblemente cerca. Tan cerca que nos basta mirar a la luna para saber que nos miramos. Nada mejor que asomarnos por la ventana e inventarnos un nuevo sol todos los días. Un nuevo norte, un nuevo sur. Nada mejor que estar aquí, en este momento.  Bailando como si la música no fuera a parar nunca, bailando aunque cien mil pares de ojos se empeñen en mirar y en señalar. Que le jodan a toda esa mierda. Seguiré desayunando cereales, y desangrándome cada vez que unos ojos así me atraviesen. Seguiré apostando mi corazón, jugándomelo en cada intento. Seguiré siendo esa niña enamorada de la lluvia, la que les pondría bombas a todos los paraguas, la que nunca se cansará del cielo nublado. Escúchame bien. Que les jodan. Que les jodan a todos los códigos aprendidos, a todo eso de "no, no lo hagas, vas a hacer el rídiculo", a todo eso de "no puedes dejar que las cosas te afecten tanto", a todo eso de "no llores." No me importa hacer el ridículo si eso significa que si llegará a vivir 70 años miraría hacia atrás sin arrepentirme. No me importa que las cosas me afecten, me afectan porque las siento, porque las vivo,porque me emocionan, me inspiran, me atraviesan. Y de todo eso saco toda esa mierda que un día algunos ojos leerán. Les haré sentir lo mismo. Y voy a poner un cartel de "prohibido prohibir" para cada vez que alguien me diga que no llore. Cuando duele lloro. Cuando emociona lloro. Cuando es tan bonita que no sé como describirla en ese vestido rojo lloro. Cuando las veo llegar lloro. Cuando las veo irse lloro. Cuando la alegría ya no me cabe en el pecho lloro. Y si llorar no fuera vivir dime entonces para qué tengo yo ojos. Joder, que no hay nada mejor que sentirte bien en tu piel, que empezar a ser lo que siempre has querido, que salir ahí afuera, sola y sin brújula, y encontrarme milagros que jamás podría meter aquí dentro. Que no hay nada mejor que convertirse en huracán. He saltado de la luna y quiero estrellarme.

Ya soy demasiado vieja como para andarme con rodeos. Me gustas, tú ganas. ¿Cuando empezamos a volar? 



Monday, January 2, 2017

Cuando sabes de antemano que no vas a ganar pero apuestas con todo. Llego en plan all in, no le digas a nadie que me tiemblan las piernas. No le digas a nadie que he abierto el cajón donde guardé esa promesa que nunca rompería. No le digas a nadie que me he vuelto a vestir de desastre, que estoy perdida en medio de la mierda. Tiré todos aquellos poemas por las alcantarillas, y ahora sólo me quedan retales de un naufragio que se disfrazó de tormenta. El viento sopla del norte y me desordena el pelo, los átomos, la vida. No sé en qué coordenadas estoy, y me faltan esos calcetines. Tengo al miedo en modo intermitente, y a las ganas esperando calzarse las Adidas. Hoy soy guerra, mañana seré todo herida. Pero no hay mayor insulto que no probar los extremos, dejarlo templado, quedarse a medias. Si entro entro hasta la cocina, tirando la puerta abajo, haciendo ruido, bailando. Que nadie se quede con la duda de si he llegado. Si entro entro con todo: pisando fuerte, tocando palmas, apuntando alto. Pero shhh, no le digas a nadie que estoy a una mano de quedarme en bragas, en ceros, en nada. Que siempre nos dijeron que no jugáramos con fuego, pero yo soy un incendio y encima voy descalza.

No le digas a nadie que a veces le sueño. Que a veces pienso en cómo sería que fuera él mi puto motivo para escribir poesía. No le digas a nadie que podría ser mi gol en el 90, mi escalera real, mi jaque mate.



Thursday, December 29, 2016

Todas las cosas que habría hecho
de no ser porque no las hice.

Y así,
la vida pasa
sigilosa,
dejando sólo
un rastro de pétalos marchitos
que no volverán a florecer.

O te pinchas
o mueres.

Y no hay segundas oportunidades
en este puto raíl.

O te subes al tren,
o te atropella.

Y si descarrila,
al menos podrás decir,
que desde la ventana izquierda
del tercer vagón,
la vida por un momento
pareció follarse
al universo.

[Escrito en 20/12/2014]


Monday, December 26, 2016

Es difícil, alejarse del verde y de la lluvia. Del viento frío que me revuelve el pelo y del mar más bonito que han visto mis pupilas. Es difícil, alejarse del "agur", del "quedamos en el Xau", del sabor a casa. Es difícil, joder, es difícil. Pero os juro que no hay nada más difícil que alejarme de las sonrisas más jodidamente tiernas que me he encontrado en la vida, de los corazones de azúcar y las miradas que saben a chocolate con almendras. Es difícil, alejarse de ellas. Cuando la música suena y el tiempo se para y somos nosotras por una eternidad. Cuando la risa es fácil y las carcajadas rompen los miedos. También cuando el rimmel se corre y se nos encoge el pecho, y sabemos sacarnos sonrisas a través de la tristeza. Son mis hombros, en los que me apoyé cada vez que no podía más. Los hombros por los que mataría. La vida sigue, y mientras ellas se quedan yo pongo rumbo al sur. Vuelvo a ti, Madrid. Vuelvo a tus calles. Esas calles que no me sé de memoria pero anhelo conocer, esas calles que ya he pisado y a las que quiero volver. Quién lo diría, que después de tantas lunas y tormentas sería capaz de encontrar un rincón en el que pudiera ser yo sin condiciones. A pesar de esas canciones, a pesar de los recuerdos.Y tengo que darte las gracias, ciudad de un millón de caras y un sol diferente, porque aunque me acojono cada vez que pienso en lo enorme que eres, cuando menos me lo espero, me das alas, y vuelo.



Thursday, December 22, 2016

las últimas líneas de ese poema de Eliot. la carne de gallina. respirar y sentir que se te llenan de miedo los pulmones. bajar las armas, resignarse. tus ojos son un lanzallamas dirigido a mi espina dorsal, pronto estarás quemándome los átomos. y yo intentando escribir en las nubes. intentando dejar colgado por ahí algún poema que hable de algo parecido a perdonarnos. cuanta mierda dejé guardada en el lado izquierdo del miocardio. cuanta mierda que hoy aún me sigue pesando. apunté tu número de teléfono en la parte de arriba de una de las últimas páginas de esa libreta. sabía que nunca volvería a usarlo, pero no fui capaz de tirarlo a la basura. no me preguntes por qué, anduve al revés casi toda la vida. suspiro. intento entender lo que tengo debajo de la piel y sólo me entran ganas de arrancármela a jirones. tanto desastre no puede ser bueno. pero aprendí a llover. a bailar a contrapié cualquier día entre semana. y ya no dejaré que nadie me apague las ganas. a pesar de los monstruos y todos los semáforos en ámbar. a pesar de las noches de hielo y las ojeras que saben a cagarla. soy una maraña de nervios y ruinas que se desangra cada vez que empieza a desnudar palabras. y qué fácil fue escribir cuando el mundo era ceniza. qué fácil naufragar con tu voz en mis costillas.

una vez más invierno. pero mis ojos brillan tan primavera que hasta mis canciones se han puesto a bailar. aprender a reírse en medio de la tristeza también es un arte. yo y mi locura lo aprendimos hace tantas lunas que ya no nos da miedo salir a correr, a volar... a lo que sea.






Monday, December 19, 2016

Me gustan más que el chocolate o el olor a lluvia, más que desayunar y volverme a meter en la cama, más que el sonido de las olas o la sensación de sumergirme completamente en el agua. Y mira si me gustan todas esas cosas. Bueno, pues ellas me gustan más. Me sonríen y me apagan los miedos, y cada vez que nos reímos juntas conseguimos parar los relojes. La vida sabe a azúcar y a mantas de lana, a días de sol y fútbol, a mi canción favorita. Y no sé cómo puedo meterlas dentro de unas líneas, si el universo entero les queda pequeño, si el infinito les queda pequeño, y están llenas de luz y magia, y son los corazones más bonitos que conozco, y son como todas las cosas guays del mundo metidas dentro de unas personitas alucinantes y nunca nunca nunca me voy a cansar de ellas. Y hay distancias, y a veces los días pesan, y no las ves y es difícil, y el mundo se vuelve más feo, pero siempre llega un momento en el que las vuelves a ver, en el que os volvéis a abrazar con la misma fuerza, con las mismas ganas, y dentro del mismo bar, somos las mismas, riéndonos juntas, hablando de la vida y haciendo de las penas un poco menos penas, escuchándonos, entendiéndonos, queriéndonos a rabiar. Y es que a veces es fácil. A veces miras dentro de unos ojos y sabes que has vuelto a casa. Que el sol vuelve a brillar y la vida vuela. Con ellas soy yo.

Con ellas soy como una niña con unas Timbs nuevas.


Saturday, December 17, 2016

No la conoces, pero la conocerás. Aparecerá con prisa y sin avisar en cualquier esquina de la ciudad, te atracará a golpe de sonrisa. Irá con paso torpe y despistado, pero sus ojos son una brújula que siempre marca el sur, no se desvía del camino. Tiene claro lo que quiere y va a buscarlo. Pensarás lo mismo en el segundo en que la veas. Todas las demás sonrisas del mundo te parecerán fingidas comparadas con la de ella, y sentirás que pagarías todo el oro del mundo porque te sonriera sólo a ti. Pero eso no pasaría ni en un millón de vidas, porque no sabe vivir sin sonreír: a su abuela, a su hermana, al hijo pequeño del vecino, o al desconocido que se cruza antes de entrar en la panadería. Ella es así. Está llena de luz y de colores y puede pintar la ciudad de arcoiris hasta en los días más grises. No le tiene miedo a nada, y sería capaz de cruzar medio mundo descalza sólo por llegar hasta los corazones que le importan y preguntarles si están bien. No soporta cuando la gente llora, y siempre está intentando inventar cuentos que acaben con sabor a chocolate. La mayor debilidad de su vida son los niños, y es que una parte de ella sigue siendo una niña. Como cuando ve un parque y se monta en los columpios, y la observas y te das cuenta de que se le han llenado los ojos de sueños. No, no la conoces, pero la conocerás. Te pondrá del revés y nervioso los días en que llegue tarde y no sepas por qué, o cuando hable tanto que no sepas callarla. Pero ella se dará cuenta y de repente saltará y se reirá, y te dirá de sopetón: "te estoy aburriendo, ¿no?" Y entonces tú te darás cuenta de que en realidad nada de lo que hiciera podría aburrirte jamás, que con ella la vida es como una puta montaña rusa que no quieres que pare. Y esas son las personas que merecen la locura, esas que hacen que la vida sea una montaña rusa constante, una aventura, un laberinto de emociones del que no sabes salir, pero no importa, porque en realidad quieres quedarte. Ella será la chica que hará que todas las demás te parezcan aburridas, la que cantará mal pero a la que querrás escuchar, la que te sacará de quicio pero no querrás que se aleje ni un centímetro, la que te enseñará que debajo de unos ojos se esconden un sinfín de universos en los que querrás perderte. La que estará loca de remate y hablará de cosas que no entiendas y a veces querrá salir a volar sola, pero si la sabes cuidar siempre volverá al lado del colchón que lleve tu nombre. Siempre volverá a la orilla de tu nuca, para susurrarte al oído cuando menos te lo esperes que eres el poema más bonito de la historia, y que no habrá día en la tierra en el que no vaya a querer leerte. Escribirá canciones que sabrán a ti, hará cosas imposibles por encender tu sonrisa. Y quizá no lo entiendas, pero te hará creer.

No la conoces, pero la conocerás. Y un día te despertarás a su lado, y mientras todavía esté dormida la mirarás y te darás cuenta de que las personas que de verdad cambian tu vida son las que jamás te hubieras esperado. Como ella y su torpeza. Y esa forma que tiene de decirte que la vida es más bonita desde que tú la haces reír.



Wednesday, December 7, 2016

Se van y vuelve el frío. Mi alma se congela y se me olvida sonreír. Mis pulmones hechos mierda y la vida llena de margaritas negras. A veces es así. Sí, a veces es así, a veces duele. A veces los vértices se te llenan de plomo y todos los sueños se te oxidan en las manos. A veces no hay manera. Estoy tarareando canciones que saben a tristeza, desde aquí me duelen los kilómetros. Todos esos abrazos que no doy, que se quedarán sin dar. Igual que todos esos besos que te debí y nunca te cobraste. Aprendí a vivir con las distancias, a estar a no sé cuántas canciones de mis corazones favoritos. Aprendí a mirar desde otras ventanas, a salir a la calle sabiendo que no olería a casa. Aprendí a sentir en diferido, a hablar a través de pantallas, a estar siempre en otras coordenadas. a veces, a veces no hay manera. No hay manera de no sentir que se me parten las costillas, que se me rompen las sonrisas. No hay manera de no sentir que la vida es mucho menos azúcar cuando todas esas melodías que me sé de memoria no están rondando cerca. Y los pulmones se me llenan de escarcha cada vez que los abrazos se terminan, cada vez que cogen el tren, el avión, el autobús... cada vez que yo me quedo. Pero no es tan grave, las poetas nos llevamos bien con la tristeza, empezamos a brillar las noches de nostalgia y tinta negra, como si sólo supiéramos andar bajo el fulgor de esos recuerdos. Como si sólo supiéramos cantar con las luces apagadas.


Otra vez esa canción. Mierda.