Friday, November 10, 2017

Se me ha ido de las manos, la vida. Estoy sentada en un banco de madera esperando a que no llegue ningún autobús, con el corazón tiritando de frío y tristeza. Soy como Forrest pero sin bombones, sin ganas de hablar, sin esas ganas de abrir la puerta a cualquier desconocido que esté dispuesto a escuchar o a hacer como que escucha. Mierda, supongo que no soy como Forrest. Soy como la bestia sola en su castillo, como Robinson antes de Viernes, como el jorobado pero sin gárgolas. No tengo nada, la soledad se me resbala por los átomos, todo sabe a desierto y podredumbre, a calles vacías de domingo, a vertedero abandonado, a manicomio después de las pastillas. Rauda hacia los muros de hormigón y cristaleras voy, sin frenos, ni vendas en los ojos. Que me duelan las costillas, que se me abran los huesos, que pueda sentir el dolor en mi carne. Que pueda al fin sentirme. Abandonada a este pozo de saudades y boleros. Abandonada a este cierzo y esta ola y este hielo. Abandonada. Las calles se visten de invierno y lo veo todo absurdo y feo. Hay como un aroma de desconsuelo. Como un espejismo de ausencias numeradas.

¿Quién sabe cuanto dura un hasta cuándo?






Tuesday, November 7, 2017

El planeta sigue girando a la misma velocidad mientras en mi corazón se forma la Tercera. Guerra, digo. No sé cuantos mil soldados alrededor del mismo blanco. 3,2,1 fuego. Todo es sangre y desgracia. Tragedia programada. Lo sabíamos. Ya lo sabíamos. Caímos en paracaídas en mitad de unas coordenadas sin nombre y esperamos poder confundir al enemigo. Pero eso hicimos, sólo esperamos. Y a veces, no hay escudos, no hay corazas, no hay alambres de espino suficientemente fuertes para contener la ira de unos tanques que siempre fueron demasiado libres, demasiado ellos. Qué se hace, cuando ya tenías las manos vacías pero ahora además las tienes llenas de agujeros, cuando todo tu cuerpo parece territorio conquistado, cuando sientes que no eres, que no te perteneces, pero tienes que seguir en la trinchera porque se lo prometiste a la luna aquella vez que ya te dejaron sin sangre, porque se lo prometiste a esa parte de ti que ya no sabes si existe pero que esperas que siga respirando en alguna puta parte. Qué se hace, cuando todo sabe demasiado a vacíos a los que no quiero poner nombre, a agujeros negros que no quiero asemejar a tragedias tan grandiosas que no caben en mis labios. No seré yo la que compare la guerra con un corazón sangrando, pero quizá sí sea algo parecido a eso, algo parecido a terminar atravesado y magullado, derrotado, rendido, tendido en el barro, en medio de un país que no es el tuyo, rodeado de personas que no te pueden ayudar porque también se están muriendo. Es lo que tiene hacerse mayor, los corazones se rompen. Yo que siempre me rompía los pantalones a la altura de las rodillas y mi madre me ponía petachos cuando todavía eran salvables, sonrío ante la niña que fui: ojalá pudiera seguir rompiendo sólo pantalones, ojalá no se me rompiera nada más. Pero me rompo. Me sigo rompiendo. Y ojalá mi madre supiera poner petachos en las costuras del corazón, ojalá supiera remendarlo. Pero estoy sola con mi agujero y mi tristeza, con este devastador desierto después de la artillería, con este océano de sal y de tortura. Estoy sola y soy soldado que sabía que iba a una guerra perdida pero que quiso luchar por sus ancianos, que quiso luchar por sus mujeres, que quiso luchar por sus hermanos. Que quiso luchar porque sabía que en la lucha y sólo en la lucha yacía la libertad y que por ella lo haría. Lo curioso de todo esto es que yo ni siquiera luchaba por mí. Luchaba por ti. Y en el camino de perderte, he interpretado mal los mapas, la brújula ya no apuntaba, caí en fuegos enemigos y llena de mierda y de suspiros también me he perdido. Y qué se hace, joder, qué se hace, cuando te pierdes a ti misma y ya no sabes resistir.


Saturday, November 4, 2017

los tejados siguen huérfanos.
la luna es de las trincheras.

hay una mariposa atada al viento a punto de pestañear,
un zapato sin cordones tirado en la cuneta,
pupilas que viven al margen de la ley y del abrazo,
y este negro hastío igual que un largo túnel.

han teñido de olvido las campanas,
no hay nadie en este pedacito de tierra,
el viento sólo es de las veletas,
y los cuervos se saben los secretos.

guarda el rosario,
están encendiendo la hoguera.
no te va a salvar,
él no te va a salvar.
él que os dio los rezos y los salmos
que os hizo creer que sí podía,
está en otra ciudad,
otro universo,
aquí la fe está vacía.
guarda el rosario,
en el ombligo del abismo no te ayudará a volar,
serás caída.

y haremos que doblen de nuevo las campanas,
por todos los que cayeron creyendo en algo
que luego nos dijeron que no era de verdad.
pero murieron,
murieron,
joder, tuvo que serlo.


los tejados siguen huérfanos.
la luna es de las trincheras.
tengo el corazón gitano
y el alma llena de amapolas.
rojo sangre,
rojo fuego,
rojo revolución y guerra.


como el beso de un rebelde
en la frente de su amigo.
cuando muere y algo grita
y entonces sí es de verdad.


Me duele el mundo. Me duele el mundo justo en el oeste de mi pecho, de una manera trágica y certera, de forma ensordecedora, de una manera brutal. Me duele, me duele el mundo y su desgracia, lo que fuimos durante un pestañeo, lo que ya no seremos. Me duelen, me duelen el mundo y sus mentiras, las caras B de las personas, todo lo que no me dicen pero piensan, todo lo que no me dices. Un puño ensangrentado como templo, 40.000 pecados que no nos caben debajo de la piel. A las noches es más fuerte el ruido de todos los latidos que no dejamos ir. Me duele, me duele no sé qué y no sé donde, y es de hielo, y es de acero, y me atraviesa la vida y la sangre y me deja sin aire y me tiembla. No quiero sentir, pero siento el mundo cayendo, el mundo perdiendo, el mundo muriendo, y mi habitación no alcanza para protegerme de todas las malas palabras que les oí decir. Cada cicatriz es muesca y victoria, otro suspiro en mitad de las preguntas. Yo que vivo entre el todo y la nada, con las manos vacías pero llena de sueños, sin monedas que hagan ruido, sin billetes que compren palacios de cristal. Yo que vivo lejos de todo lo que amo y cerca de todo lo que estoy aprendiendo a amar, tengo las banderas rotas y no pienso en fronteras. Yo que nací en esa ciudad, y soy de esas calles, y que ahora estoy aquí y un poco en todas partes, no concibo patria más grande que sus ojos sonriendo. Y duele, duele el mundo cuando llora, cuando es odio y no caricia, cuando no quedan abrazos y la indiferencia calla. Que todos tenemos miedos y fantasmas y pasados, pero que también somos agua a punto de regar las margaritas. Que podemos ser desastre, rendición y mil adioses, pero que también podemos ser un inténtalo de nuevo, un si no puedes tu solo yo te doy mi mano, un espérame, que levanto el puño contigo. Que sin la misma sangre podemos ser hermanos, que podemos ser sonrisas y un quédate otro rato, que podemos cambiarlo, joder, que podemos cambiarlo. El mundo, todo esto que me duele en la espina dorsal y me clava a un suelo que quiero besar porque es vuestro. Y yo os estoy queriendo. Por tanto, también es un poco mío.






Wednesday, November 1, 2017

Era el llanto,
el llanto a la orilla de los sueños,
el llanto que sabía a plomo y hielo,
el llanto que oprimía
y que partía.
Llanto que era flor de quinto día,
llanto que era gris melancolía,
llanto que era cielo azul tristeza.

Lloraba,
lloraba sola en ese nido,
ella lloraba
y era agua y era mar y era oleaje.

Un ramillete de flores silvestres hundido a sus pies,
y la tierra se movía, y su alma se caía,
y era invierno, y todo fue frío y cristales.

Qué terrible era tener que medirse en el reflejo que devuelve un espejo roto.
Sus ojos,
océano y locura,
no estaban preparados para tanta alevosía.

Sus manos,
siempre vacías,
eterna e infinitamente vacías,
acariciaban el marco de la ventana
como las madres acarician a su bebé  recién nacido. El horizonte era una promesa tan bonita.

Y entonces, se encendía un cigarro y llamaba a su gato. Su vida entera cabía en ese cuarto.


Wednesday, October 25, 2017

cuando te quiera,
que será tarde y a deshora,
me mirarás quizá con ojos asombrados,
quizá también con un resquicio de sospecha.

yo no diré nada.

cuando te quiera,
pegaré post-its en todas tus ventanas,
haré de tus gemidos
mis canciones,
y te dejaré el sol encendido
cada vez que me vaya.
por si nunca te gustó la plastidecor negra,
y prefieres esos matices de naranjas.

tú no digas nada.

cuando te quiera,
seré tu viento
y tu tormenta,
te dejaré volar cometa,
y nunca te pediré tu para siempre.

cuando te quiera,
seré tu alcohol en las heridas,
tu ibuprofeno de domingo,
pañuelo de seda en tu hemorragia,
tabla de madera en tu naufragio.

cuando te quiera,
seré abrazos,
y poemas,
y cerveza.
y todo eso que no escribiré
pero te haré hasta desgastarte.

cuando te quiera,
te diré siempre que eres luz
y eres gigante.
y podrás tú solo
con el mundo
pero me graduaré en cuidarte.

y que no falten nunca
las sonrisas kamikazes,
las locuras de piratas,
y el huracán que quema.

y que no falten nunca
las mañanas de adoquines,
los jardines de amapolas,
y nuestras lunas llenas.

cuando te quiera,
ya no te preguntarás cómo es que alguien ponga el cielo en tus manos.
te levantarás una mañana y serás todo estrellas.



(siempre es en abstracto pero a veces menos.)









Tuesday, October 24, 2017

- Quizá no lo sabías.
- ¿El qué?
- Que le querías.
- ¿Cómo se puede no saber eso?
- Yo qué sé, la gente no sabe tantas cosas.
- Ya, pero si quieres a alguien lo sabes, ¿no?
- ¿Cómo?
- No sé, sólo lo sabes.
- ¿Y entonces qué te pasó a ti?
- No lo sé.
- ¿Le tenías y ya no lo querías? Es una persona, no unos zapatos nuevos.
- Joder, ya lo sé.Y estoy intentando averiguar por qué me pasa esto.
- No, para. Tienes que dejar de pensar, dejar de ser tan racional, dejar de hacer listas y de darle mil vueltas a todo. A ver, ¿te duele?
- Sí, joder. Sí.
- Pues ya está.
- ¿Ya está qué?
- Te importa.

Se quedó callada un momento. ¿Le importaba? Sí, suponía que sí. ¿Pero le importaba porque le importaba él? ¿O le importaba que él y el resto del mundo pensaran que era una mala persona? Había algo dentro de ella que no le dejaba saber qué era lo que sentía de verdad por ese par de ojos y esa forma de ser tan indiferente a todo que tanto le sacaba de quicio. ¿Le quería? ¿Le había querido alguna vez? ¿Se había enamorado de él en algún momento de aquel caótico verano? Pero, al fin y al cabo, ¿qué era el amor? Un cuento que les había vendido Hollywood para que siguieran viendo películas que eran imposibles de comprar si no fuera porque al final de una historia completamente inverosímil y absurda los protagonistas se daban cuenta de que se querían y terminaban casándose o haciendo alguna locura parecida. Uno de esos gestos heroicos y románticos que tanto le gustaban a media población sin que ella llegara a entender aún por qué. No lo entendía. No lo entendería en la puta vida. Y ahí tenía a su amiga, diciéndole que si le dolía le importaba. Vaya basura. Si tenías que esperar a sentir dolor para poder valorar algo ¿qué sentido tenía? ¿Si cuando tú llegabas la otra persona ya se había ido para qué tenía que pasar alguien por toda esa mierda? Tragó saliva mientras encendía un piti y miraba al horizonte con cara de hastío.

- Sí, tal vez me importe. 
- ¿Y?
- ¿Qué?
- ¿No vas a hacer nada?
- No. Él se fue porque quiso. Si alguien se va tienes que dejarle ir, está en su derecho. La vida es así. La gente se va.
- No, la gente lucha por aquello que quiere. Entonces te la suda, tienen ellos razón, no te importa una mierda.
- ¿Sabes? Estoy harta de que me digas, de que me digáis lo que tengo que hacer, cómo lo tengo que hacer, toda esta mierda. La vida es chunga a veces, ¿vale? Las cosas salen mal, todo se jode. La gente te falla. La gente te falla, ¡joder! ¿Sabes cuánto di yo por todas y todas esas personas que ya no están en mi vida? ¿Cuanto hice, cuanto aposté por gente que ni siquiera sabe dónde estoy o si sigo respirando? ¿Gente a la que le daba igual que llorara, que me cayera, que me partiera el alma y las rodillas en cada puta caída? Les di mi vida. Todo lo que soy y lo que tengo. Lo hice todo, absolutamente todo por ellos. Les pinté el cielo de colores y les regalé mi mejor sonrisa todos y cada uno de los días... ¿y a cambio de qué? De que me rompieran el corazón. Sin fallo. Todas las putas veces. ¿Tanto te preocupa él? Vete, vete corriendo y consuélale, dile que soy lo peor, que estoy llena de corazas, que nada me importa, que nada me enternece, que soy de hielo. Venga, corre, díselo. Al fin y al cabo, ya lo hiciste una vez.

Estaba respirando rápido, levantando el tono de la voz, acordándose de todas las personas que la mataron por dentro. Tenía ganas de llorar, sentía las lágrimas al filo, pero no, no iba a llorar, no le daba la gana. Su amiga la miró con cara asustada, como si supiera que había tocado el botón que no era, con miedo de que explotara del todo. Intentó tranquilizarla:

- Vale, vale, tranquila, no pasa nada. Tienes razón, te entiendo. 
- No, no me entiendes una mierda. Pero me da igual. ¿Quieres oírlo? Sí, me importa, me importó cuando vino y me importó cuando se fue, me importó todos los putos segundos en los que estuvo. ¿Pero sabes qué? Después de todas las hostias, de todos los golpes, de toda la mierda que intentan venderme, de todas y cada una de las decepciones, tengo una respuesta muy clara, para ti, y para ellos. Sí, me importa. Pero yo me importo más.

La miró con una mirada llena de dolor y rabia. Le dio el último calo al cigarro y lo tiró al suelo. Se metió las manos en los bolsillos de la chamarra y tiró a andar hacia el río. No había luna y hacía frío, pero le daba igual. Quería andar y no pensar. Dejar que el dolor se fuera atenuando. Detrás de ella, su amiga todavía tenía una última pregunta.

- ¿Yo también te falle, verdad?

No se dio la vuelta. Respiró hondo dos veces e intentó que la presión del pecho no pudiera con ella. Un millón de pensamientos en un sólo segundo y esa imagen. Esa puta imagen otra vez.

- Sí, lo hiciste. 
- ¿Y por qué nunca lo hablaste conmigo?
- Porque no quería escucharte.
- ¿Por qué?
- Porque volverías a elegirle a él.

Y así, con una lágrima asomándose al abismo, siguió caminando con la esperanza de que algún día todo volvería a estar bien. 



Monday, October 23, 2017

IMPERFECTOS

Creo que éramos imperfectos el uno para el otro.
Y qué bonito.

Tú y tu manía de fumar a cada rato.
Yo y mi manía de fregarlo todo,
de lavarme 40 veces las manos.
A veces me mirabas raro,
como ese anochecer de agosto
mientras les daba patadas a las piedras del camino
y tú no lo entendías, y entonces las movías y me hacías la puñeta
pero te reías y hacías el tonto y me reía,
y eso sí que era perfecto.

Pero aún recuerdo ese atardecer de las afueras,
ese camino entre las hierbas,
el beso que te di
y tu mirada congelada antes de las palabras: no vale enamorarse, ¿eh?
No valía, ¿verdad?
Tú ya sabías que no sería.
Sabías que no sería suficiente para robarte el corazón y el aliento,
el alma y la vida.
Que yo no llegaría,
porque yo nunca llego.
Pero en vez de salir corriendo,
me quedé por cabezota,
me quedé con tus dictados y tus normas,
bajo tus condiciones,
sabiendo que tarde o temprano
mis alas se rebelarían a favor de mis latidos.

Hoy he caído al suelo,
y las alas se me han llenado de barro,
y tengo la cara sucia y veo el cielo borroso,
y soy solo sal y ganas de salir corriendo al regazo de mi madre,
a esconderme del mundo y sus maldades,
a ser niña otra vez, a ser desastre
que sólo a mi madre le dejo intentar ordenar,
ordenarme.

Yo, que no te pedía matrimonio, ni la palabra eternidad,
que te quería libre y tuyo,
pero que también me quería mía y especial,
me estoy cosiendo el corazón mientras se desangra.
Necesito contener como sea la hemorragia,
para tener sangre y luz y vida
para cualquier persona que llegue con intención de revolver y de quedarse.
Cualquier persona que ya no serás tú,
ahora que ya conocía todos tus recovecos de memoria.

Y yo, que quería ver mil películas contigo,
enseñarte mi calle y mis aceras,
a mis amigas sonriendo un día entre semana,
mi mar y todas y cada una de mis orillas.
Yo que quería darte el cielo y la luna y mis entrañas,
que quería construirte palacios y ventanas,
hacerte el amor y no la guerra,
darte la luz y con un cuchillito de luna lunera cortarte las penas.

Me voy.
Sin consuelo y con lo puesto,
sabiendo que me perderé todos tus amaneceres,
que será otra quien te dé los besos en la frente,
el sol y la galaxia, todo lo que le dejes.

Te vas.
Enfadado y congelado,
con todas las puertas cerradas,
sin cederme nunca el paso,
con tu razón y mi fracaso.

Al final,
nos dejamos pasar.
Pasamos.

Y estoy cansada y el universo es infinito y Einstein tenía razón.
Qué estúpido todo.

Pero cuando me duelen los pulmones no me permito quedarme.
Entre tu adiós y mi pelo nace un reguero de sangre.

Espero que nunca tengas que echarme de menos.



Saturday, October 14, 2017

If life gives you lemons..

Que la vida me dio limones cuando te puso en mi camino y por primera vez no tuve ni puta idea de  como hacer limonada. Por primera vez fui folio blanco, bic sin tinta, el tic-tac del reloj de la tripa del cocodrilo, un amargo sabor a nada. Perdí el significado y el sentido y todas las direcciones de mis mapas marcaban tu Atlántida, tu país de nunca jamás, tu invierno, tu utopía. Debajo de mis átomos encontré un petirrojo herido que intentaba aferrarse a una ramita de olivo que alguien había dejado tirada en la cuneta. El cielo lloraba plomo y yo intentaba recordar la letra de aquella canción que siempre hacía que quisiera ponerme a bailar, ponerme a sonar, a soñar, a volar. Intentaba recordar a qué olía el sol, a qué la vida, cómo había sido aquella orilla antes de tu pelo color noche pizarra. Pero tus ojos eran grilletes y tus palabras espadas, y yo sólo era una aprendiz de polizonte. No supe escoger el barco, tampoco el mar, tampoco el color de la bandera. Color carmín, color herida, tacto marfil, tacto suicida, seda y mentiras, seda y dolores, seda y arcilla. Mis pies pisando el barro, mi alma marchitada en un jarrón de porcelana que se acabaría de romper con tus silencios y partidas. Como mujer de marinero mirando al horizonte esperando a que vuelva el amor de su morada, esperé más de mil lunas a colapsar en tu mirada, esperé más de mil lunas, desesperaba. Y aquí sigo, sin verte, siempre sin verte, sabiendo que pude sólo porque tenía, que si no hubiera sido por la inercia de mi propio vendaval nunca habría podido volver a pronunciarte. Pero lo hice y supo tan insípido, tan templado, que no quise no sentir nada, que eché de menos el dolor, que eché de menos la batalla, la guerra, la trinchera, la metralla más allá de las hogueras. Que eché de menos el dolor, el dolor de no tenerte, de no tocarte, de no poder amarte hasta el final de los segundos que ellos inventaron, de no poder decirte mirándote a los miedos que yo te cuidaría por un millón de infiernos y mucho más allá. Como Lorca, bodas de sangre y droga y mierda, y tú con ella, y tú con ella, y yo muriendo porque jamás entendí como fuiste capaz de hacerme eso, de hacerme polvo, de hacerme huesos. Arrancándome la carne y las entrañas una noche de noviembre para siempre, para siempre, para siempre…te odiaría para siempre. Y sin embargo…


Y, sin embargo, aquí me tienes, en medio de limones que saben a tormentas que tienen tu apellido y tus ojeras, y todavía lo siento latiendo en un costado y te oigo gemir, y te oigo latir, y te oigo con ella, siempre con ella y dentro de mí es todo templado, templado, templado… porque después de ti ya no volví a los tejados.



Monday, October 9, 2017

Cuando llegue el fin del mundo

Cuando todo sea campo abierto, escombro y ceniza,
cuando el mundo vierta su última gota de metralla, 
cuando no haya rosarios atados a las manos,
cuando el silencio grite como un niño al nacer,
y todo se funda en ese trágico gemido.

Entonces,
entonces será tarde
y demasiado,
y estaré andando descalza
y seré sangre
y no estarás.

Y las nubes serán negras
y estarán aborreciendo cada historia que contaron
que decía que sería un eterno mar de lluvia
y no este páramo.

Entonces, será tarde,
y el conejo blanco dejará de hablar
porque nadie le hizo caso
y no llegamos, no llegamos
a salvarlos, a salvarnos,
y un millón de chimeneas
escupirán la porquería de mil corazones turbios
que no supieron sonreír a la orilla del invierno.

Entonces,
entonces será tarde
y demasiado,
y estaré bailando sola
y seré miedo
y huracán,
y no estarás,
y no estarás,
y no estarás mirando.

Cuando llegue el fin del mundo y nadie esté
y todos se pierdan,
lanzaré la última piedra
a todos los tejados que sí nos vieron soñar.

En mitad de la Gran Vía
y sin relojes,
eternos mientras el mundo sí giraba
y nos sentía.
Nos sentía y nos decía
que podíamos volar.
Y yo lo hacía,
yo lo hacía,
cada vez que sonreías
y mis ojeras no echaban de menos el mar.

Eras océano y tormenta
y cielo azul y mil tornados.
Y te quería,
te quería,
como la guerra a sus soldados

Cuando llegue el fin del mundo estaré pensando en ti.
Y será tarde,
y demasiado,
pero seré cometa.