Friday, July 27, 2012
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Suerte que todavía queda buena gente. Suerte que todavía el sol calienta. Suerte que todavía queda hierba sin pisar, sin ser arrancada. Suerte que todavía quedan lugares como este. Suerte que todavía no está todo perdido.
Thursday, July 26, 2012
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La piel quemada ya no duele, no es un dolor suficientemente intenso. Duele debajo del pecho, rozando el vértice más inalcanzable del alma. Ahí, justo ahí. Y luego un poco más. El corazón llora un poco, pero tampoco quiere lanzarse. Prefiere esperar la calma. No sé si llegará. De todos modos, el dolor significa que fue real, real hasta el confín más recóndito que pueda imaginarse. Y eso está bien.
El dolor termina pasando. Siempre termina pasando. Hay que sentirlo, saber soportarlo, vivir con él un tiempo, conocerlo, palparlo... Y luego, cuando llega el momento, dejarlo ir, para dejar sitio a lo bueno.
Nunca me dio miedo sentir dolor. El dolor es esencial en la vida. Si no duele es que no bajamos al alma, nos quedamos en la superficie. Y eso, no me vale. Una vida es poco tiempo como para quedarse siempre en la superficie, hay que bajar, hay que lanzarse, hay que arriesgarse, y hay que hacerse mucho daño. Hay que bajar al infierno para saber valorar lo que es tocar el cielo. Sino, ¿de que serviría? No tendría sentido.
Al fin y al cabo, tener el corazón roto es buena señal. Significa que lo hemos intentado, que hemos luchado por algo. Que entregamos nuestro bien más preciado a alguien, que confiamos, que nos lanzamos, que vivimos apasionadamente en los brazos del amor, poco o mucho tiempo, eso da igual, y que aunque termine, aunque se acabe, lo que sentimos fue real, e irá con nosotros siempre. Enseñándonos, haciéndonos mejores.
Y yo, con mi corazón sollozante en espera de un viento más favorable, me quedaré siempre con esta frase:
"Ama hasta que te duela. Si duele, es buena señal."
El dolor termina pasando. Siempre termina pasando. Hay que sentirlo, saber soportarlo, vivir con él un tiempo, conocerlo, palparlo... Y luego, cuando llega el momento, dejarlo ir, para dejar sitio a lo bueno.
Nunca me dio miedo sentir dolor. El dolor es esencial en la vida. Si no duele es que no bajamos al alma, nos quedamos en la superficie. Y eso, no me vale. Una vida es poco tiempo como para quedarse siempre en la superficie, hay que bajar, hay que lanzarse, hay que arriesgarse, y hay que hacerse mucho daño. Hay que bajar al infierno para saber valorar lo que es tocar el cielo. Sino, ¿de que serviría? No tendría sentido.
Al fin y al cabo, tener el corazón roto es buena señal. Significa que lo hemos intentado, que hemos luchado por algo. Que entregamos nuestro bien más preciado a alguien, que confiamos, que nos lanzamos, que vivimos apasionadamente en los brazos del amor, poco o mucho tiempo, eso da igual, y que aunque termine, aunque se acabe, lo que sentimos fue real, e irá con nosotros siempre. Enseñándonos, haciéndonos mejores.
Y yo, con mi corazón sollozante en espera de un viento más favorable, me quedaré siempre con esta frase:
"Ama hasta que te duela. Si duele, es buena señal."
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El viento no me cuenta nada nuevo. Parece que la tormenta ya ha amainado. A lo lejos el horizonte sigue como siempre, mudo testigo de los pecados de la gente. Mi mente divaga libremente más allá de estas fronteras. Todavía no echo de menos mi tierra.
¿Dónde estás?
Ya ni quiero saberlo.
¿Dónde estás?
Ya ni quiero saberlo.
Tuesday, July 24, 2012
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Y ella se quedo mirando esos ojos que ya no decían nada. ¿Porque qué quedaba por decir?
Él no quería mirarla, o más bien no podía. Sabía que ella daría media vuelta y ya no volvería más, pero no tenía palabras, y no las tendría. Solo podía quedarse allí, plantado en medio del camino como un idiota, con la boca entreabierta, respirando agitado, sabiendo con certeza que, de no decir nada con algo de sentido, aquel sería el final, el final definitivo. Ese pensamiento le bloqueaba las extremidades, no podía moverse, y sus cuerdas vocales no podían emitir sonido alguno. Las lágrimas de ella dolían en lo más profundo. Y esa carita llena de dolor le mataba más cada segundo. Pero no podía. Pero no podría.
Ella empezó a alejarse, paso a paso, sin mirar atrás, sin volverse, sin sucumbir al amor que aún sentía por él, y que sabía seguiría sintiendo. Pero su orgullo esta vez no la dejó rendirse, su dignidad y su amor propio dirigían cada paso lejos de él, lejos de aquella pesadilla.
Él, viéndola marchar, cayó de rodillas al suelo, llorando como nunca antes había llorado, pero sin ruido, sin sonido, sin quejido. Se quedó allí, tal cual, con las manos en la tierra, mirando como la mujer que más había querido y herido se alejaba lentamente de su vida y de su alma.
Desapareció por la esquina del callejón.
El viento empezó a soplar y, antes de que borrara las huellas de las botas que iba dejando aquel soldado marchito mientras abandonaba aquel rincón del mundo para siempre, dejó dos palabras grabadas en el aire, dos palabras y nada más.
Ella jamás las oiría, y él jamás las volvería a pronunciar.
Él no quería mirarla, o más bien no podía. Sabía que ella daría media vuelta y ya no volvería más, pero no tenía palabras, y no las tendría. Solo podía quedarse allí, plantado en medio del camino como un idiota, con la boca entreabierta, respirando agitado, sabiendo con certeza que, de no decir nada con algo de sentido, aquel sería el final, el final definitivo. Ese pensamiento le bloqueaba las extremidades, no podía moverse, y sus cuerdas vocales no podían emitir sonido alguno. Las lágrimas de ella dolían en lo más profundo. Y esa carita llena de dolor le mataba más cada segundo. Pero no podía. Pero no podría.
Ella empezó a alejarse, paso a paso, sin mirar atrás, sin volverse, sin sucumbir al amor que aún sentía por él, y que sabía seguiría sintiendo. Pero su orgullo esta vez no la dejó rendirse, su dignidad y su amor propio dirigían cada paso lejos de él, lejos de aquella pesadilla.
Él, viéndola marchar, cayó de rodillas al suelo, llorando como nunca antes había llorado, pero sin ruido, sin sonido, sin quejido. Se quedó allí, tal cual, con las manos en la tierra, mirando como la mujer que más había querido y herido se alejaba lentamente de su vida y de su alma.
Desapareció por la esquina del callejón.
El viento empezó a soplar y, antes de que borrara las huellas de las botas que iba dejando aquel soldado marchito mientras abandonaba aquel rincón del mundo para siempre, dejó dos palabras grabadas en el aire, dos palabras y nada más.
Ella jamás las oiría, y él jamás las volvería a pronunciar.
Principio de indeterminación de Heisenberg.
Una partícula de Heisenberg, eso es lo que soy. Y probablemente eso seamos todos, ¿no crees? Puedo saber la velocidad a la que voy, pero no a dónde me dirijo. O puedo saber a donde me dirijo pero no la velocidad a la que voy. Vaya puto caos.
El mundo cuántico es inexpugnable. Pero el mundo real me parece igual de caótico, a veces incluso más. He entendido la relatividad y el efecto fotoeléctrico, la física nuclear, la constante de Planck, he entendido a Stephen Hawking y su concepto de universo, he entendido a Newton y a su física clásica, a Niels Bohr, a Schrödinger y su gato, las ecuaciones de Maxwell y sus campos magnéticos, la termodinámica y sus estados de equilibrio (me parece apasionante), la mecánica de fluidos, y su puta madre y más...
Pero las ecuaciones de la vida son las más jodidas, y sigo sin entenderlas la mayoría de las veces. Me sigo perdiendo 9 veces de 10, y sigo sin saber a dónde voy, ni tampoco a qué velocidad estoy yendo. Mi incertidumbre es del 100%. De eso, no hay duda.
Heisenberg, querido amigo, gracias por haber enunciado una ecuación tan simple y tan brillante a la vez.
Tenías razón, todo es una jodida incertidumbre: en las partículas y, sobre todo, fuera de ellas.
El mundo cuántico es inexpugnable. Pero el mundo real me parece igual de caótico, a veces incluso más. He entendido la relatividad y el efecto fotoeléctrico, la física nuclear, la constante de Planck, he entendido a Stephen Hawking y su concepto de universo, he entendido a Newton y a su física clásica, a Niels Bohr, a Schrödinger y su gato, las ecuaciones de Maxwell y sus campos magnéticos, la termodinámica y sus estados de equilibrio (me parece apasionante), la mecánica de fluidos, y su puta madre y más...
Pero las ecuaciones de la vida son las más jodidas, y sigo sin entenderlas la mayoría de las veces. Me sigo perdiendo 9 veces de 10, y sigo sin saber a dónde voy, ni tampoco a qué velocidad estoy yendo. Mi incertidumbre es del 100%. De eso, no hay duda.
Heisenberg, querido amigo, gracias por haber enunciado una ecuación tan simple y tan brillante a la vez.
Tenías razón, todo es una jodida incertidumbre: en las partículas y, sobre todo, fuera de ellas.
Without her.
Since she's gone everything sucks more. She was my light, my smile, my beautiful sunset, my wonderfull dawn. She was the blue of my sky, the water of my sea, the flowers of my fields. My sun, my star, my eternal universe.
But then, one day, she was gone. Leaving darkness all around me. No more light, no more smiles, no more sunsets, no more dawns. It was the fucking nothingness all the time. The fucking nothingness. The empty heart, the empty soul. I was left all by myself, without her little bright eyes to make me strong, to give me courage. I was alone, all alone. Nothing, I had nothing. And I became miserable and grumpy. I was depressed in a way I never felt before, in a way that hurt all over my pores, my blood, my molecules and atoms. All of me was damaged, destroyed, torn apart.
It felt like the end of the world, the end of my world. And ever since, I remember her every day of my life, but I can't think of her, because it hurts so much that tears are not enough to relieve the pain. No, they're not enough, nothing's enough.
The love I felt, the love I feel, it's gonna be everlasting, my little beautiful princess. My sunshine, my angel...
... my everything.
But then, one day, she was gone. Leaving darkness all around me. No more light, no more smiles, no more sunsets, no more dawns. It was the fucking nothingness all the time. The fucking nothingness. The empty heart, the empty soul. I was left all by myself, without her little bright eyes to make me strong, to give me courage. I was alone, all alone. Nothing, I had nothing. And I became miserable and grumpy. I was depressed in a way I never felt before, in a way that hurt all over my pores, my blood, my molecules and atoms. All of me was damaged, destroyed, torn apart.
It felt like the end of the world, the end of my world. And ever since, I remember her every day of my life, but I can't think of her, because it hurts so much that tears are not enough to relieve the pain. No, they're not enough, nothing's enough.
The love I felt, the love I feel, it's gonna be everlasting, my little beautiful princess. My sunshine, my angel...
... my everything.
Monday, July 23, 2012
Pequeña inspiración, no me faltes nunca.
Aparece de repente. De la nada más profunda, del todo más oculto. Es tan bonita. Nunca quiero que se vaya, pero se queda poco tiempo. Se acurruca conmigo en el lado derecho de la almohada. Y me mira. Se queda mirándome. Y su aliento me da fuerzas. Y su aliento me hace avanzar, un poco más, siempre un poco más. Sus ojos, tan brillantes y perfectos, jamás comparables a otros ojos, eternamente inmortales. Si te mira fijamente estás perdida. Ya no puedes escapar. Y entonces es cuando te quedas con ella, sentada, respirando agitada, sabiendo que nunca tienes mucho tiempo, que solo son unos minutos, y luego se va. Siempre se va. Por eso exprimes cada segundo con ella. La acaricias suavemente para que se quede un rato más. Le abres tus puertas de par en par, y la dejas entrar. Y ella te ofrece el universo entero. Te abre mundos jamás imaginados antes. Te da la llave de la superación, y te empuja, y hace que te superes. Y todo eso, en un instante. En dos. Hasta que desaparece. Y te quedas ahí, como estabas, respirando su ausencia, sintiendo el vacío en tu pecho, sintiendo la almohada más vacía sin ella. Sintiendo las agujas del reloj y el peso de las horas. Sin ella, no puedes. Sin ella, la tierra deja de girar. Sin ella, la oscuridad es más densa, y el insomnio no tiene nada que dar.
Sin ella, las palabras no se saben atar, y solo fluyen sin sentido..
Sin ella, las palabras no se saben atar, y solo fluyen sin sentido..
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Volvemos a las andadas. El mismo paisaje, el mismo aire, las mismas ganas. El sol pega fuerte, y el viento sopla del norte. El trigo está amarillo. No veo muchas amapolas, tendré que salir a buscarlas. El papel me llama. Tiempo de palabras. No hay mucho que hacer por estos lares. Dormir y escribir. Vamos al lio.
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