Friday, July 26, 2013

I got to get back, yeah,
back to the west coast.
Oh I'll miss, yeah
I'll miss your face though.
So I won't even say it,
with you I couldn’t fake it.
Un nudo en la garganta.
La maleta hecha.
Y la cabeza,
llena de chimpancés que no dejan de gritar.
Y llevo sus ojos clavados,
como una flecha en el corazón,
como un puñal de acero,
que corta,
que desangra.
Lees a Machado.
Y de repente lo sientes.
Y da igual que al principio te sintieras reacia.
Que pensaras que no podría ser.
Que hacía demasiado frío.
Que la tierra era demasiado árida.
Que la comarca estaba demasiado despoblada.
Caminaste por los caminos por los que él caminó.
Entre los mismos árboles,
por la misma rivera.
Sus palabras resonaban en tu mente,
y no podías dejar de sonreír.
Pensaste que cualquiera podría inspirarse
en una tierra así.
Y era verdad.
Ahora, no hay manera de vivir
sin volver a ese lugar.
Sin sentir lo que sentiste,
de golpe y sin previo aviso.
Y en ese pueblito desplobado,
plantaste las raíces sin apenas darte cuenta.
Y hay algo allí que siempre dejas,
que ya siempre se quedará.
Y hay algo que siempre te llevas,
que siempre te vas a llevar.
Son los colores claros,
los atardeceres de otro color,
las estrellas que todo lo invaden,
el silencio desgarrador,
son los pájaros que te despiertan,
las noches que son eternas,
las sonrisas diferentes,
y las ganas de volar.
Son el cielo y la tierra,
y el horizonte al que nunca llegas.
Caminos de piedra,
en los que cantas al caminar.
Es casi tocar el cielo,
es darte toda la vuelta,
es llegar a la esencia,
inspirarte de verdad.

Campos de Soria.

     I
Es la tierra de Soria árida y fría.
Por las colinas y las sierras calvas,
verdes pradillos, cerros cenicientos,
la primavera pasa,
dejando entre las hierbas olorosas
sus diminutas margaritas blancas.
La tierra no revive, el campo sueña.
Al empezar abril está nevada
la espalda del Moncayo;
el caminante lleva en su bufanda
envueltos cuello y boca, y los pastores
pasan cubiertos con sus luengas capas.

                II
 Las tierras labrantías,
como retazos de estameñas pardas;
el huertecillo, el abejar, los trozos
de verde oscuro en que el merino pasta,
entre plomizos peñascales, siembran
el sueño alegre de infantil Arcadia.
En los chopos lejanos del camino,
parecen humear las yertas ramas
como un glauco vapor—las nuevas hojas—,
y en las quiebras de valles y barrancas
blanquean los zarzales florecidos
y brotan las violetas perfumadas.

                III
Es el campo ondulado, y los caminos
ya ocultan los viajeros que cabalgan
en pardos borriquillos,
ya al fondo de la tarde arrebolada
elevan las plebeyas figurillas
que el lienzo de oro del ocaso manchan.
Mas si trepáis a un cerro y veis el campo
desde los picos donde habita el águila,
son tornasoles de carmín y acero,
llanos plomizos, lomas plateadas,
circuidos por montes de violeta,
con las cumbres de nieve sonrosada.

                IV
¡Las figuras del campo sobre el cielo!
Dos lentos bueyes aran
en un alcor, cuando el otoño empieza,
y entre las negras testas doblegadas
bajo el pesado yugo,
pende un cesto de juncos y retama,
que es la cuna de un niño;
y tras la yunta marcha
un hombre que se inclina hacia la tierra,
y una mujer que en las abiertas zanjas
arroja la semilla.
Bajo una nube de carmín y llama,
en el oro fluido y verdinoso
del poniente las sombras se agigantan.

                V
La nieve. En el mesón al campo abierto,
se ve el hogar donde la leña humea,
y la. olla al hervir borbollonea.
El cierzo corre por el campo yerto,
alborotando en blancos torbellinos
la nieve silenciosa.
La nieve sobre el campo y las caminos,
cayendo está como sobre una fosa.
Un viejo acurrucado tiembla y tose
cerca del fuego; su mechón de lana
la vieja hila, y una niña cose
verde ribete a su estameña grana.
Padres los viejos son de un arriero
que caminó sobre la blanca tierra,
y una noche perdió ruta y sendero,
y se enterró en las nieves de la sierra.
En torno al fuego hay un lugar vacío,
y en la frente del viejo, de hosco ceño,
como un tachón sombrío
—tal el golpe de un hacha sobre un leño—.
La vieja mira al campo, cual si oyera
pasos sobre la nieve. Nadie pasa.
Desierta la vecina carretera,
desierto el campo en torno de la casa.
La niña piensa que en los verdes prados
ha de correr con otras doncellitas
en los días azules y dorados,
cuando crecen las blancas margaritas.

                VI
¡Soria fría, Soria pura,
''cabeza de Extremadura'',
con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
¡Muerta ciudad de señores,
soldados o cazadores;
de portales con escudos
de cien linajes hidalgos,
y de famélicos galgos,
de galgos flacos y agudos,
que pululan
por las sórdidas callejas
y a la medianoche ululan,
cuando graznan las cornejas!
¡Soria fría! La campana
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana,
¡tan bella! bajo la luna.

                VII
!Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, oscuros encanares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria,
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!...

                VIII
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria—barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor, que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazòn os lleva!

                IX
¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita,
me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!

Antonio Machado
Sólo un día para bajar al sur.
Necesito respirar ese aire.
Pisar ese suelo,
sentir los latidos.
Volver a subir a esas campos de Castilla.
Eternamente en sus poemas.
Y desde aquel día,
también en mi alma.

Thursday, July 25, 2013

Y nunca hubiera parado.
Hubiera hecho de ese segundo la eternidad.
El resto del mundo no importaba.

Wednesday, July 24, 2013

He saw the moon low in the sky now. The moon there, and the light of the moon caused by what? By the sun, of course. And what lights the sun? Its own fire. And the sun goes on, day after day, burning and burning. The sun and time. The sun and time burning. Burning. The river bobbled him along gently. Burning. The sun and every clock on the earth. It all came together and became a single thing in his mind. After a long time of floating on tea land and a short time of floating in the river he knew why he must never burn again in his life.

- Ray Bradbury
A nuestros padres les importaba un carajo los moretones, la sangre y las torceduras; lo terrible, lo imperdonable, era hacerse un agujero en las rodilleras de los pantalones. Porque sólo había dos pares de pantalones para cada chico: los de diario y los de domingo, y nunca podías hacerte un agujero en uno de los dos pares porque eso mostraba que eras pobre y gilipollas, y eso quería decir que tus padres eran pobres y gilipollas también. Así que aprendías a placar a un tío sin caerte sobre ninguna de tus rodillas. Y el tío aprendía a ser placado sin caerse sobre ninguna de sus rodillas.

- Charles Bukowski

Tuesday, July 23, 2013

Sólo es viento.
Un vendaval,
que se lleva lo soñado por delante.

No pasa nada.
Siempre estarás en ese lugar.
No puedo perderte.
Estás dentro de mí.
Y para siempre.

Le doy al play,
y suena esa canción.
Eran las últimas semanas.
Caminábamos por el lado izquierdo de esa calle.
Me acuerdo del momento.
Te lo dije y te reíste.
Me quedo con esa sonrisas,
con ese vacile.

Estás en cada conversación,
en cada suspiro,
en cada cerrar de ojos.
En cada dolor de pecho,
en cada intento de que no duela respirar.

No pasa nada.
Sólo es viento.
Un vendaval que nos lleva por delante,
pero que nunca nos podrá tumbar.

Porque en ese lugar de la memoria,
estaremos siempre,
bailando como aquella primera noche.