Thursday, September 21, 2017

EL DÍA EN QUE VOLVÍ A CREER EN LOS OJOS MARRONES

Creí que nunca más.
Después de aquellas esmeraldas
perdidas en campos de trigo,
después de aquellos dos océanos
que sólo sabían desbordarse.
Creí que nunca más.

Miré dentro de tantas miradas
que ya no pensé que volvería a encontrarme con el fuego
cerca de un castaño tan distinto.
El brillo que emanaba
de tus ojitos marrones
fue el hogar encendido de una cocina muy casa.
Vi la chispa en tus retinas de madera
y caramelo,
encontré un motivo nuevo
pintado del color de la tierra que pisamos.
Fuiste matiz de carpintero,
piel de becerro acariciada por el viento.
Fuiste miel espesa,
tacto de barro y arcilla,
una barrica de roble llena de luz y Campanillas.

Miré y miré y me subí a un tiovivo que sólo
hablaba de vértigos,
de alturas que cabían en el fondo de unos ojos,
de saltar al vacío en canoas de colores.

El día en que volví a creer en los ojos marrones
fue el día en que me sonreíste
y los bosques te envidiaron.



Wednesday, September 20, 2017

Mi aitite creía en dios.
Creía. Creía. Creía.
Mi aitite era una cara preciosa llena de arrugas,
con el pelo blanco y gris y la sonrisa más tierna que yo podría recibir.

Mi aitite era así.
Cantaba en el coro
y después de las comidas familiares,
siempre después de las comidas.
Nos llenaba de colores, de música y de vida.
Él me llenaba de vida.

Mi aitite era mi abuelo especial,
mi favorito de los cuatro.
Los amé y los amo a todos a morir,
entiéndanme,
pero mi aitite era mi aitite.
Y el creía en dios.

Tuvo un hijo anarquista y rebelde,
que después tuvo un desastre de nieta,
que no sabía casi nada de casi todo,
pero si algo sí sabía es que ella no creía en dios.

Yo soy esa nieta desastrosa,
que siempre fue a la deriva,
que nunca supo si iba o si venía,
pero que si algo supo hacer era amar.
Amar hasta la luna.

Y cómo iba yo a creer,
aitite,
cómo iba yo a creer en ese dios omnipotente.

Si volvió a pasar.
Igual que con la abuela.
Igual que con la mujer que quisiste toda una vida,
diez años después y a mis dieciocho,
un viernes a la tarde que llegué a casa
después de haber tenido un día raro.
Lloré en la comida de clase sin razón ni motivo,
sentí durante todo el día el corazón encogido.
Y cómo lo sabía ya mi sangre.

Al anochecer, a eso de las nueve,
mientras mis amigas me esperaban en el portal,
subí a casa a cambiarme de ropa.
Pero en vez de eso, caí a sus pies, caí a sus pies, caí a los pies de mi padre
cuando me dijo con la cara desencajada
que tú habías muerto.
Ese mismo día, esa misma tarde.
Caí a sus pies con un grito de dolor
y me enfadé tanto con el mundo que la rabia no me cupo dentro.

Otra vez pasaba igual.
Después de diez años y a mis dieciocho.
Aita me decía que tú ya no estabas,
yo perdía un pedazo de mí.

Me enfadé con el mundo.
Íbamos a ir a verte al día siguiente.
íbamos a ir a verte.
Pero no te vi.
No te volví a ver vivo.
Luz de mi vida
apagada para siempre.
Me llené tanto de odio
que me sentí capaz de acabar con todo, de romperlo, de quemarlo.
Porque tú ya no estabas.
Y tú si creías en Dios.

Llegué al velatorio con el corazón en un puño
y un océano en los ojos.
Ahí estabas, como si estuvieras dormido,
con una cara de paz que alivió un poco mi desgarro.

Pero yo no me había despedido.
No te había abrazado,
ni me había colgado de tu risa ni te había dicho que te quería hasta la luna.
Y más allá aitite,
y más allá.
No te lo había dicho.
Tendría que aprender a vivir con el silencio.
El silencio de tu ausencia,
sin tu voz
y sin tu humor,
sin todas tus carcajadas.

Qué puta la vida
que te me robó de golpe.

Y cómo creer en dios, aitite.
Cómo creer en el dios en el que tú si creías si no me dejó,
si no me dejó verte,
si no me dejó,
si no me dejó besarte,
si no me dejó,
si no me dejó abrazarte.

Fui la niña que en muchos momentos de su vida intentó creer,
intentó rezar, recurrió al cielo en busca de un consuelo que no llegaría.

Pero a partir de ese día,
a partir de ese puto y maldito día,
jamás volví a tener un ápice de duda:
dios no existía.

Y a ti no volvería a verte más.


Thursday, September 14, 2017

Mi pecho se ha vestido de tristeza y todo me suena a canción de Berri Txarrak. Lejos de las luces que despiertan las farolas de esa calle que me vio partirme las rodillas, vuelo sola y soy caída. El cielo me sigue quedando tan alto que soy una versión liliputiense ajada y fea. Y qué grandes son los mapas cuando mis dedos los recorren. Hubo lunas llenas, jardines que olían a jazmín y a madrugada, miradas que latieron a más de mil canciones por minuto. Sí, hubo lunas llenas, y desde las orillas de portales y cunetas vacías hice el intento de besarlas. Puse tus ojos en el cielo y fui alondra. Puse tus ojos en el mar y fui naufragio. Vértigo maldito que recorrió azoteas, el tic-tac de un reloj de cuco abandonado. Planté mis sueños en tierra yerma, en úteros vacíos, no había frutos, no había hierba, todo fue rastrojo y olvido. Sucumbí al genocidio, derramé mis apellidos, caí derrotada y rota al pie de los olivos. Y allí no había nadie. Lejos de mi tierra y mis motivos, mi soledad se fundió con las espigas, y en aquellos campos infinitos intenté mudar de piel. Mis huesos y mi carne bailando con la nada, mis párpados gastados intentando no ceder. La oscuridad es necesaria para poder ver las estrellas. Y en medio de aquel páramo zaíno, donde nada pude ver, nada veía, perdida como Alicia sin conejo, sentí que mi alma se partía. Un pequeño crack y luego la hemorragia, un quejido de dolor que sólo fue del eco. Hoy me acuerdo y me siento más pequeña, hoy el aire parece estar hecho más de hielo.

La tristeza se enreda en todos los caminos. Pero allí, en esa extraña tierra en la que todo estaba a oscuras, también vi a las luciérnagas por primera vez.





Thursday, August 31, 2017

eres toda la luz del universo en una misma mirada, la tierna carcajada de un hombre que no ha dejado de ser niño. esa clase de magia. eres el cuadro que vive latiendo constantemente en tu cabeza y se transforma tantas veces como tú cambias al día. eres todo lo que te enseñó tu padre, el "siéntate y cuéntame que te ha pasado" de tu madre, las ganas de destruir al que hace llorar a tu hermana. eres un corazón entero dispuesto a sangrar por su hermano, ponerlo primero, subirlo a las nubes, dar la piel y la vida porque no le toquen. el hacerles saber que tendrán que tocarte a ti antes. eres la risa devorando el ruido de un día rutinario en esta ciudad gigante, eres esa voz que hace que quiera abrazarte hasta por dentro. eres esa manchita negra y el brillo de unos ojos que no caben en poemas. eres lo que nunca pensé que encontraría andando sobre la tierra, lo que encontré cuando la vida no prometía nada, y, sin embargo, nos hizo acabar nadando en un mar de carcajadas. que no me digan que la vida no puede ser maravillosa si te vi riendo a las 6 de la mañana en medio de Tribunal, con los ojos llenos de estrellas y la vida ardiendo. si andaba sin buscar nada y apareciste de golpe, como cuando vas andando por la calle y te encuentras un billete, o como cuando estás paseando por el pasillo de los cereales y, de repente, ves que hay unos nuevos que molan mogollón. eres ese mismo tipo de euforia.
y me da igual cuantos vientos, cuantas mareas. estaré siempre un paso más allá, izando antes las velas, llegando antes a puerto, para asegurarme de que tú llegas a salvo, para allanarte el terreno, para asegurarme de que el sol es para ti. porque plantaría amapolas en tus manos y estrellas en tu jardín, porque haría que la luna te bailara cada noche. porque me partiría las dos manos por defenderte de los malos, porque sería como ella en esa peli. y me da igual cuantas mujeres, cuantos kilómetros, cuantos silencios. estaré justo detrás de ti si vienen a dañarte, estaré justo detrás de ti si intentan aplastarte. I got your back, babe, y eso no me lo puede quitar nadie. porque pongo mi lealtad a tus pies y me rindo ante tu boca. porque mientras tú sonrías, el resto del mundo no me importa. sí, hay personas que aparecen para jodernos, para dolernos, para rompernos. hay personas que aparecen para apagarnos la vida. otras, sin embargo, aparecen para cambiarla. para bien, para mejor y para siempre. pase lo que pase y a pesar de tus cerrojos, esa noche hiciste magia cada vez que te reías, y yo, que nací con vocación de bruja, jamás olvido a alguien que para los relojes.


Friday, August 25, 2017

a un millón de desastres de ti y sigo pensando que me tiraría de cabeza. cada puta vez. a un millón de abrazos de ti y sigo pensando que podría esperar mil lunas con tal de poder naufragar en tu espalda. y tu pelo, y tus ojos, y un huracán formándose en el centro de mi ombligo. que no soy ni voy a ser pero ojalá tu risa en mis mañanas, tus yemas en mis vértices, tu luz en mis ventanas. que todo es destiempo y caos, y que no sé calmar mis miedos, tampoco apagar los tuyos, pero ojalá encenderte la vida cada anochecer, ojalá romperte las penas. quiero tus manos en mi cuello y tu sonrisa en mis entrañas, una eternidad de ti clavada en mis pupilas. y el miedo bailará conmigo, y estoy aquí y me tiembla el alma, y no sé hacerlo peor pero quiero hacértelo todo. curarte las heridas en las que dejaron minas, lamer tus cicatrices con dedicación y azúcar. ser tu risa de las dos de la mañana, mientras te busco las cosquillas y tú me desordenas. que estoy a no-puedo-tocarte kilómetros de ti y me caigo al suelo. que el cielo entero llora porque no puedo cuidarte, que mis dedos se rebelan tan lejos de tu piel. te quiero en mi paréntesis más pronto que tarde, en todos mis amaneceres de legañas y domingos. con rotundidad y dudas. con certeza y sin contratos. aunque todo suene a hecatombe e Hiroshimas, aunque todo se parezca a desiertos y a Vietnams.

que si tiene que ser un desastre, que sea el nuestro. que si tiene que venir la tormenta, mejor que me pille pisándote los pies.




Wednesday, August 2, 2017

todo un reino se abría a sus pies y él sin corona.
como el aire, la redención es intangible.
fragilidad a plazos,
sueños quebrados.
una eternidad de pena firmada con pluma negra.

la saudade de un corazón latiendo furia,
porque no alcanza el mar,
porque no llega.
sus ojos lloran rabia y lluvia.
en los tejados de su infancia
recuerda golondrinas.

y cuando cantaba el gallo,
y cuando el sol salía,
todo volvía a ser color ternura.
un millón de mares
entre sus pies y su anhelo.
un millón de guerras
entre su frente y sus botas.

le pide al viento que le espere,
que le devuelva a ese rincón con tanta estrella.
que su hogar es siempre el mar
y no el desierto.
que lejos de su tierra ya está muerto.

deja el fusil y abre el cuaderno.
en sus poemas
el sol se muere,
es siempre invierno.




la noche y todos sus monstruos. las veces que intenté buscarte en mis sueños. las veces que desperté sudando tristezas. todo lo que no soy y no seré nunca me cruje los huesos. en los ojos de mi madre sigo sin ser suficiente. ¿tú cómo me miras? pisé barro y escombros, me abrí la piel y la vida, las espinas de la rosa nunca fueron tan oscuras. matices que se esconden bajo los matorrales, melodías que suenan antes de que cante el gallo. todavía no lo han entendido pero la sangre es roja en todos lados. mil corazones bombeando nostalgias, un retal infinito para remendar las heridas que nos hemos ido haciendo desde que bajamos de los árboles. la poesía flotaba en el aire, sangraban las palabras, un ocaso eterno se abría ante ojos inexpertos que intentaban entender el porqué del horizonte. no dije nada, pero también lo vi: el dolor abriéndose paso en esos rostros.

cuando el mundo se calla la verdad clama tan fuerte que nadie puede soportarla.



Tuesday, July 25, 2017

Tengo un ramillete de amapolas sangrando en mi espina dorsal. Me estoy llenando de miedos. Todos mis huesos se parten y se rajan, no hay tierra firme en este palacio de fragilidad y fracturas, y si abres las ventanas verás como vuelan las dudas. Como vuelo yo, con el pelo revuelto y el corazón gastado rumbo siempre al horizonte en un vano intento de ser quien era. ¿Quién era? ¿Quién fui? Seis letras en un trozo de papel, un millón de océanos atrapados en unos ojos demasiado marrones. Y la tierra siguió dando una vuelta sobre su eje cada veinticuatro horas. Nadie pudo cambiar la certeza de los días. Dos más dos siguieron siendo cuatro. En un mundo que se desmoronaba las matemáticas permanecían puras e intocables. Vírgenes eternas que nadie conseguiría profanar. Y qué frustrante era saber que la gravedad nunca fallaría. Que si tirabas un lápiz por los aires seguiría cayendo irremediablemente al suelo, como un amante que ha sido alejado de los labios que anhelaba, y al mínimo cambio de viento consigue salir corriendo para volver a abrazarse a esa mirada. Quise rebelarme contra todo, pero todo era absurdamente nada. Y yo no lo entendía. ¿Quién fui? Quien fui cuando te miré a los ojos y sentí que el universo se caía a mi cintura. Cuando la vida era un escalera hacia cualquier lugar y yo subía los peldaños con mis ganas intactas. Cuando salía a mojarme a besos, a saltar de precipicios inventados, a esperar una madrugada que me hiciera seguir creyendo en Campanilla. Quien era, cuando me partí en dos pero no dije nada, cuando me callé todas las quemaduras que me hicieron sus murciélagos, sin valor ni fuerza para pedir una tirita. Quien fui, cuando me escondí en aquella habitación y no salí en todas sus lunas, porque me aterrorizaba saber que a pesar de mi naufragio el mundo seguía latiendo y respirando, y era yo quien me negaba a formar parte de él. Yo quien no quería.

Dejé todos mis átomos atados a su nombre, me inmolé quinientas veces en aquella misma orilla. Nunca vino. Pero yo estaba. Yo estaba y él tuvo el coraje de no decirme nada, de dejarme morir en silencio, de sujetar la espada.

Después de aquel Noviembre,
no quiero nada parecido.

Cuando me acuerdo de su pelo, mi lado bueno todavía sangra.


Monday, July 24, 2017

1. Cuando nací pesé casi cuatro kilos y medio.

2. Creo que mi madre sigue teniendo guardado el dolor de lo difícil que fue mi parto en algún rincón de su inconsciencia. Espero que no sea ese el motivo por el que le cuesta tanto darme abrazos.

3. Siempre he tenido el pelo encrespado, revuelto, enmarañado. Lo odiaba. Hasta que un día decidí que era lo que más me gustaba.

4. Mis pies son unos de los pies más bonitos que he visto nunca.

5. Si alguien dijera su nombre en voz alta creo que aún temblaría un poco.

6. Le miro y ya no lo siento. Hace diez años él era el dueño de las mariposas de mi estómago.

7. Cada vez que ella sonríe me siento en casa.

8. Si me preguntaran qué me llevaría de mi habitación en caso de que hubiese un incendio respondería que su disco.

9. No hay palabras en el mundo para describir la tristeza que sentí ese día.

10. Tengo el corazón tan roto que ya no sé si puedo.

11. Jamás me cansaré de bailar esa canción.

12. Los aviones me dan mucho miedo.

13. Sevilla. Ese concierto. Creo que nunca nadie me ha matado tanto.

14.  Era mayo. Y todavía.

15. Tengo mil poemas escritos con su pelo en mis retinas y no sé cómo coño escapar de su fantasma.

16. Madrid y Holden.

17. En mi costado derecho para toda mi vida.

18. Una parte de mí sigue esperando en el andén 9y3/4.

19. Cuando llueve estoy en casa.

20. El mar es lo más jodidamente guay que ha hecho la naturaleza.

21. También las mariquitas, los dientes de león, los olivos y la luna.

22. En ese rincón pequeño y olvidado de la provincia de Soria encontré una parte de mí que creía perdida.

23. Sus ojos verdes en esas noches de verano fueron religión.

24. No puedo contar todas las veces que escuché Standby de Extremoduro en los siguientes meses.

25. Todavía a veces.

26. Hay personas que te dejan rastros de purpurina encima de la piel. Nunca dejan de brillarte.

27. Aquello fue la guerra, pero sobreviví.

28. Regalas tantos pedazos de corazón que ya no te quedan para ti.

29. Confié en ellos.Volví a llorar.

30. El tiempo pasa y yo sigo obsesionada con esos tejados.

31. Por algún extraño motivo en mi sitio feliz siempre hay helados.

32. No sé vivir sin música.

33. Las gorras son mi debilidad más absoluta.

34. Hay voces que te atraviesan los huesos.

35. Las sudaderas grises, los pañuelos en el pelo, las zapatillas viejas.

36. Cuando escribes sobre otras personas también estás escribiendo sobre ti.

37. Hay un lugar entre la imaginación y el sueño donde todo es posible.

38. "What matters most is how well you walk through the fire."

39. Hay miradas llenas de revolución.

40. Estaba en medio del desierto y sólo pensaba en besarle.

41. La persona que me sacó esta foto nunca me preguntó por qué me en pleno verano iba con mis Timbs amarillas.

42. Cuando cantaron "Empireo" pensé en mi abuelo y me puse a llorar en medio de un tumulto de gente.

43. Soy la que llegó agotada, reventada y sola a Sevilla. La que supo entender que incluso en medio de la derrota también se podía bailar mirando al cielo.

44. Si las necesitas las naranjas siguen donde las dejaste.

45. Hay momentos que saben para siempre a chocolate.


Wednesday, July 19, 2017

había que entender que la vida también era eso, un pasillo a oscuras en el que andar a tientas intentando evitar darte con la esquina de la puerta en el dedo pequeño del pie. porque supongo que a estas alturas ya sabes cuánto duele eso. pero los golpes formaban parte del pack, como cuando comprábamos ron y ya venía con la Coca-cola. había que entender que la vida también era eso, una mañana de domingo sin Cola-cao con cereales, despertarte al otro lado de la risa, sentir que los monstruos ya no estaban debajo de la cama pero seguían existiendo. gritar en medio de la calle y que nadie te escuchara, sentir que en la rutina de los días ya nadie te veía. la soledad puede ser bella pero tremendamente devastadora. lo que digan, pero siempre menos. lo que siento, pero siempre más. mirar al cielo y esperar las nubes, desear la lluvia y llover encima de todo lo que me doliste. ¿cómo puede algo ser mentira si has sentido que el pecho se te partía en dos? aquella noche volví a verte y no se me cayó la vida. pude respirar en medio de la mierda. a veces no parece tan difícil. y la vida seguía y yo intentaba no odiar Madrid. la había odiado mucho y por demasiado tiempo, hasta que comprendí que yo también la pisaba, que yo también la respiraba, que también era un poco mía. que tú ya no podías quitarme nada. que ya me habías dejado vacía. libre.

después de mil heridas entiendes que la vida a veces también es hielo, un montón de escombros a la vera de los recuerdos más intensos, instantes llenos de clandestinidad y huída, un te quiero a destiempo.

el día que dejó de llover lo supe.

el mundo se paró, la luna se cayó, y yo te quise tanto que pensé que explotaría.
ojalá algún día aprenda a quererme así.