Tuesday, May 27, 2014

Hoy vuelvo con otra recomendación literaria. En este caso, a la par que al libro, voy a recomendar al autor. Se trata de Fernando Pessoa, un poeta portugués que alcanzó notoriedad después de su muerte. Nació y murió en Lisboa a la edad de 47 años. Pessoa pasó parte de su juventud en Sudáfrica, donde estudio y aprendió el inglés. De día trabajaba como traductor, ganándose así la vida, y a la noche se dedicaba a escribir. Nunca vivió de la poesía. Se dice de él que era un hombre muy introvertido, discreto, al que no se le conocen relaciones amorosas (si mantuvo correspondencia con una dama, pero nunca llegó a tener relaciones físicas con ella),  pasó su vida siempre entregado a la vida intelectual, a leer y a escribir. Un fragmento que él mismo escribió puede dejarnos esto un poco más claro:  "Toda mi vida gira en torno a mi obra literaria, buena o mala, lo que sea, lo que pueda ser. Todos (…) tienen que convencerse de que soy así, de que exigirme sentimientos —que considero muy dignos, dicho sea de paso— de un hombre común y corriente es como exigirme que sea rubio y con los ojos azules." Por tanto lo que más le obsesionaba y le llenaba la cabeza era la poesía, la literatura, y a ello se entregó durante toda su vida. Después de su muerte dejo muchísimo material inédito que hoy en día aún es motivo de análisis y estudio. Pessoa, publicó bajo varios heterónimos —de los cuales los más importantes son Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis—, e incluso publicó críticas contra sus propias obras firmadas por sus heterónimos.

Pero bueno, voy a centrarme primero en el libro. El libro en cuestión se llama "Libro del desasosiego" y en propias palabras del autor consiste en una "autobiografía sin acontecimientos". Dice así: "En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo, narro indiferentemente mi autobiografía sin acontecimientos, mi historia sin vida. Son mis Confesiones, y, si en ellas nada digo, es porque nada tengo que decir." Bien, aquí deja muy claro de qué va el libro. Es un libro constituido de fragmentos. Tenemos  el I. el II. y así hasta el 481. Y después una sección de los grandes fragmentos que vienen titulados. Es por tanto un libro de fragmentos, de trozos. A veces dos líneas, otros tres páginas, otros uno o dos parágrafos. Depende. Hay que tender que son fragmentos que el autor fue escribiendo durante toda su vida, y dependen del día, del año, de la época, del estado de ánimo, etc. Por tanto son todos diferentes y como él bien dice no tienen nexo entre sí. La mayoría son pensamientos existencialistas del propio autor. Habla de la vida, de la muerte, del amor, del desamor, de las ideas, de la literatura, de los sueños, de la imaginación... de muchísimas cosas que le tocaban por dentro. Y he de decir, que aunque los fragmentos non tengan nexo entre sí, todo el libro tiene una coherencia absoluta. El mismo tono gris y lúgubre, la misma capacidad de plasmar sus sentimientos de una manera pura y sincera, que a veces incluso te llega a hacer daño, la misma escritura perfectamente estructurada que parece levitar, fluir, flotar, la misma inteligencia, la misma ironía, la misma elegancia. Es un escritor con mayúsculas, desde luego. Yo lo conocí gracias a mi padre, que siempre ha sido gran fan de él, y tenía su antología poética en casa (obra que también recomiendo). Luego agarré este libro y no lo solté. Lo llevo conmigo siempre. Ahora mismo lo tengo aquí a mi verita, encima de la mesa. Y es que lo bueno de este libro es que al no ser una historia continuada, puedes leerlo cuando quieras. Un fragmento hoy, mañana dos, luego vuelvo a releer otro... y así sucesivamente. Es como los libros de poemas, que te dan libertad porque no tienen principio y final, simplemente guardan los poemas, los tienen ahí, para que tú los cojas cuando quieras. Y eso me encanta. Bueno, yo creo que a cualquiera que le guste la poesía en prosa tiene que leer este libro, porque de verdad que no sólo te atraviesa, y te despierta la mente y el alma, sino que te hace reflexionar, pensar, sentir, volar, y sobre todo te cuida y te mima con una escritura verdaderamente buena. Desde que lo descubrí, este portugués se ha convertido en uno de mis esenciales sin duda. Por tanto, no sólo recomiendo el libro, que obviamente y descaradamente sí que recomiendo, sino que también os recomiendo explorar, leer más cosas suyas, informaros, descubrirlo, y comprobad en vuestra propia carne si os pone o no los pelos de punta. Conmigo lo consiguió, sin lugar a duda.

Os dejó primero un trocito de un fragmento de la primera página del libro (que a mí me dejó K.O) y después, para que os hagáis un poco de idea sobre su carácter y su forma de ser, algo que dijo él sobre su propia biografía.

Trocito de fragmento de "Libro del desasosiego":

"La Decadencia es la pérdida total de la inconsciendia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón si pudiera pensar se pararía."

Sobre su biografía:

"Si después de morirme quisieran escribir mi biografía
no hay nada más sencillo.
Tiene sólo dos fechas
la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos."

Monday, May 26, 2014

Yeah. I am thinkin' of you. Not like a shape, but like a shadow. Like a faded glow that my eyes still hold in the retina. I can see just the shadow, the distant light, the reflection of what some day was so irrefutably vivid. You're just an echo. Something that seems so far away from me that it's beyond my reach, but still close enough to make me feel this way: nostalgic.

Friday, May 23, 2014

Yo soy de las que piensa que cuanto más desastrosamente estoy haciendo las cosas y más kamikaze estoy siendo, más fiel me estoy comportando con lo que me pide el corazón. Es decir, cuando más torpeza, ridículo y desastre, más honestidad. Y eso es bueno.
Me gustan las casas con alfombras. Me dan sensación de protección, de calidez. Además si te sientas en el suelo no tienes tanto frío. Incluso te puedes tumbar. Siempre me ha gustado sentarme en el suelo. En el de mi cuarto o en la calle, en cualquier suelo. Me siento bien. Igual será porque de pequeña me pasaba el día por el suelo, y cada vez que me siento vuelvo a sentirme así. Me gusta el olor de los muebles de madera. Cuando huele a madera, a monte, a naturaleza. Es un olor que me hace sentirme en casa. No me preguntes por qué. Me gustan las toallas grandes. Que cuando sales de la ducha te tapen todo el cuerpo y te sientas calentita y así no sientas el frío que hace siempre en los baños. Porque no hay nada que odie más que salir de la ducha y que el polo norte se haya apoderado de mi baño. A la playa también me gusta llevar toallas grandes y de colores. Que te puedas tumbar sin que te entre toda la arena. Aunque al final siempre me acabe entrando la arena igual igual. Me gustan las camas grandes, aunque siempre he tenido camas pequeñas. Pero de mayor quiero tener una cama enorme, al lado de un ventanal enorme por el que siempre entre luz. Y así cuando me despierte veré el sol, o la lluvia, o lo que sea, y será guay. Lo más guay es que podré dar vueltas en la cama y no se me caerán las mantas. Porque será tan grande que no se podrán caer. Y si tengo muchos niños también podrán venir a dormir conmigo o a saltar en la cama y será super divertido. Me gusta que cuando entro en casa todo huela a la comida que se está cocinando y tú puedas saber desde que entras por la puerta que te toca hoy para comer. Me gustan los cojines. Siempre quiero que haya muchos, en el sofá o en las camas. Aunque en la mía sólo tengo uno, y no sé por qué, debería tener más. Creo que dan sensación de que está blandito, sensación de que el lugar es confortable. Y además los puedes usar para hacer guerras con tu hermano. Aunque cuando te da con la parte de la cremallera de la funda hace bastante daño. Pero las guerras son divertidas. Me gusta que las casas digan algo de la gente que vive en ellas. Creo que de hecho todas las casas dicen algo de la gente que vive en ellas. Incluso esas casas que son todo modernas, y parece que nunca están sucias, y que todo se ordena solo, y que es todo super perfecto. Pero yo no tendría una casa así. Me gustan las casas sencillas, como la casa vieja del pueblo. Y como nuestro piso, que tiene 70 metros y es muy pequeño pero no lo cambiaría por nada. Porque las casas guardan los recuerdos y cuando envuelven  una familia se convierten en hogares. Y eso es muy especial. Y me gustan sobre todo los detalles. Como una foto encima de una mesilla, un tenderete revuelto, las flores de la cocina, el vaho en el espejo al salir de la ducha (que puedes escribir lo que quieras y es genial), las zapatillas de casa al lado de la cama, los cojines desordenados del sofá, una cama sin hacer, una silla llena de ropa, el escritorio con los lápices sin afilar, un corcho lleno de fotos, un armario desordenado, un zapatero desbordado de zapatos, el paragüero olvidado en una esquina, una lámparita pequeña, los libros de las estanterías, las cortinas entre abiertas, el olor a cola-cao por las mañanas, el ruido de los cacharros en la cocina, el sonido del agua hirviendo, el ruido de llaves de cuando alguien llega a casa, el abrir y cerrar de las ventanas, la lluvia contra los cristales, el tacto de las mantas.. y sobre todo, sobre todo, la melodía de las voces de los que viven en ella.

Thursday, May 22, 2014

Déjame poner el mundo en tus manos.
Luego puedes hacer con él lo que quieras.
Como si lo rompes a martillazos,
me da igual.
No quiero que creas
que intento comprarte con regalos.
Yo nunca haría eso.
Sólo necesito hacerte entender
que no tengo límites
en lo que a este asunto se refiere,
no sé si me pillas.
Que no entiendo de horarios,
ni de distancias,
ni de agendas,
ni de nada.
Que puedo esperarte un día,
dos,
o toda la eternidad.
Que nunca voy a pedirte
que vengas.
Pero siempre te abriré la puerta
cuando llames al timbre.
Que no soy de las que te van
a necesitar 24 horas,
pero en las horas en las que estés conmigo,
te aseguro que no vas a necesitar a nadie más.
Que puedo volverme más loca si quieres,
o incluso aprender a ser normal,
pero seguiré siendo siempre,
en todos y cada uno de los casos,
una niña que no tiene miedo a volar,
ni a caer,
ni a darse la ostia.
Porque si algo me gusta,
no me quedo sentada viéndolo pasar.
Voy a por ello,
con todo.
Con mi locura,
con mi torpeza.
Aunque se rían de mí,
aunque crean que estoy loca.

Me gustas.
Voy a por ti.
¿Crees que estoy loca?
Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez.

Gabriel García Márquez

Wednesday, May 21, 2014

Como si la vida no pinchara.
Como si la rosa no tuviera espinas.
Como si después del sol
no vinieran las nubes.
Ni los vendavales.

Como si todo fuera
una nube de algodón
en la que tumbarnos
a contarnos cuentos.
Como si pudieramos
bailar toda la noche,
y seguir bailando
cuando saliera el sol
a intentarnos
disuadir.

Como si tus labios
fueran el único
horizonte
imaginable,
y mis velas
sólo me
llevaran a ti.

Así.
El pecho latiendo metal.
Las cataratas de mis ojos en standby.
Me falta el calor de esos días de lluvia,
cuando todo son sonrisas
a pesar de la tormenta.
Su voz me hace volver a la niñez,
y aunque estemos lejos
me siento protegida.
El hombre de mi vida tiene
mi sangre y me llama cielo.
Todo lo demás
ahora mismo no me importa mucho.
No hay sitio para más
en este alma inquieta.




Siempre se van con una rubia.
Yo me quedo con mis gitanas.
Las de pelo negro,
y tez oscura.
Las de ojos marrones
que no son ni como el mar,
ni como el cielo.
Son como la tierra.

Que se queden con Scarlett,
ya me quedo yo con mi negra favorita.
Y que no me la cambien.

Tuesday, May 20, 2014

No sé qué coño pasa con esa canción.
La estoy escuchando,
me hace llorar.
Saca de mí lo mejor,
lo peor.
Esos recuerdos
que ya creía borrados.

Y joder esos ojos.

Esos ojos que me mataron
en cuanto los tuve delante,
a los que me rendí sin condición,
como si hubiese pasado toda mi vida
en la trinchera,
sólo para salir con la bandera blanca
cuando llegara él
para matarme.
Y que lo hiciera,
y que lo hiciera.
Yo no iba a oponer resistencia.

Le hubiera entregado mi tierra,
mi país,
los colores de mi bandera,
y hasta mi sangre.
Y no hubiera sentido
pérdida ninguna,
porque por él,
el mundo entero
parecía poco,
parecía insuficiente.
Un trueque desigual,
mi maltrecho corazón,
por sus ojos
color mar.
Un trueque desigual.

Nada pudo evitar la derrota
a ese lado del río.
Como si el universo
me tuviera preparada
la emboscada más cruel,
y también la más inesperada.
No me importó caer
y cortarme las venas.
Desangrarme en esas
noches de luna llena.

No,
no me importó
una mierda.