Thursday, August 2, 2012

Hay sonrisas.


Hay sonrisas que van más allá. Que parece que tienen un poder sobrenatural. Distintas a las demás. Especiales. Te llenan el alma de paz, y sientes que el mundo es un lugar más bonito. Cuando alguien te regala una de esas sonrisas, sonríes más de vuelta. Es algo mágico.

Tiene una sonrisa de esas, y yo no puedo dejar de sonreír de vuelta. Es mi sonrisa, y no la puedo perder nunca.

No dejes de sonreír jamás, el mundo se merece esa sonrisa.

Soy el texto.


Caigo al suelo desarmada. No tengo fe, no tengo fuerza. Mi alma me ruega un poco de tregua. Tengo que parar. No sé donde está el norte. Me perdí en el camino. Y ahora no sé como coño llegar. ¿Qué quieres que haga? Tú no estás. ¿Quién está? No lo sé, ni me importa. Ahora somos yo y el papel. Yo y el papel en la tenue penumbra de esta habitación. Nadie cabe en estos confines, nadie entra en este universo. Es mío, y mío sólo. No lo pienso regalar. Es mi puta casa, mi hogar. Si me sacas de aquí me quitas la vida. Es mi aire, mi sangre. No lo olvides jamás. No renunciaría jamás. No, jamás renunciaría.

Si me quieres, quiéreme como soy, sino, no me quieras nunca. No pienso cambiar, porque no quiero cambiar. Soy la tinta y los borrones. Soy las líneas y los puntos. Soy las letras, las palabras. Soy el texto.

Estética de la abdicación.


Conformarse es someterse y vencer es conformarse, ser vencido. Por eso toda victoria es una grosería. Los vencedores pierden siempre todas las cualidades de desaliento con el presente que los llevaron a la lucha que les dio la victoria. Quedan satisfechos, y satisfecho sólo puede estarlo aquel que se conforma, el que no tiene mentalidad de vencedor. Sólo vence el que nada consigue nunca. Sólo es fuerte quien siempre se desanima. Lo mejor y más púrpura es abdicar. El imperio supremo es del Emperador que abdica de la vida normal de los demás hombres, en que la preocupación por la supremacía no pesa como un saco de joyas.
F. Pessoa

Wednesday, August 1, 2012

Corriendo..

Un segundo. Dos. Date la vuelta y vete. ¿Quien se viene a intentar tocar el horizonte? El cielo está muy alto. Salta, puedes tocarlo. Sonríe. Quédate un rato más. Merece la pena verte sonreír. También a ella. ¿Quien quiere ser querido? No lo intentes, acabarás herido. Suele ser así, nada tiene mucho sentido. O quizá si, pero no sabemos encontrarlo. Escóndete, que no te vean. No les cuentes tu secreto. Es tuyo, de nadie más. ¿Dónde están aquellos años? Se quedaron jugando a fútbol en el patio. Sin contar los goles. Era mejor así. ¿Y ahora qué? Ahora, lo que quieras. El mundo es tuyo, ¿recuerdas? Cógelo. Da un paso más, sé que vas a llegar. Ella se fue, y no vuelve más. Llorar alivia el alma. Llora. No entiendo porque no lloras. ¿Dónde está el sueño que soñamos? Quizá se quedó perdido debajo de la almohada. No sé, las cosas pasan tan rápido. No hay tiempo de asimilarlas. El tiempo se va corriendo, se va corriendo. Y a mi no me gusta correr. Pero tengo que cogerlo, no puedo perderlo. Se va, se va corriendo. Y no vuelve, nunca vuelve. Díselo, haz que lo sepa. A él, y a ella. A todos. Respira hondo. Escucha como late tu pecho. ¿Que nombre dicta tu corazón? Hazle caso siempre, porque es la única puta razón que vale. La única que vale. Corre, Forest, corre. El tiempo no te va a esperar. Lo pierdes mientras esperas al autobús en la parada de siempre. Levántate y corre, corre joder, corre. Y nunca dejes de correr.

Espinas.

   Sangre de su sangre. Rosa con espinas que hacen que derrame las lágrimas más terribles que derrame jamás. Un dolor que desgarra el alma de una forma que no creí que podría desgarrarse. ¿Cómo poder imaginármelo? Era tan impensable.
   Esas palabras irán conmigo. Tatuajes dolorosos que me recordarán siempre lo que puede causar la imperfección.
   No importa. Te seguiré amando con todo mi corazón, aunque ahora necesite un escudo que me proteja de esas espinas que hacen sangrar.

Sobre la anarquía.

Lo más probable es que los defensores de la anarquía o del anarquismo sean partidarios de que no haya policía, pero no de que deba prescindirse de las normas del tráfico. Yo querría empezar diciendo que el término anarquismo abarca una gran cantidad de ideas políticas y que yo prefiero entenderlo como la izquierda de todo movimiento libertario. Desde estas posiciones podríamos concebir el anarquismo como una especie de socialismo voluntario, es decir: como un socialismo libertario, o como un anarcosindicalismo, o como un comunismo libertario o anarquismo comunista, según la tradición de Bakunin, Kropotkin y otros. Estos dos grandes pensadores proponían una forma de sociedad altamente organizada, aunque organizada sobre la base de unidades orgánicas o de comunidades orgánicas. Generalmente, por estas dos expresiones entendían el taller y el barrio, y a partir de este par de unidades orgánicas derivar mediante convenios federales una organización social sumamente integrada que podría tener alcances nacionales e internacionales. Toda decisión, a todo nivel, habría de ser tomada por mayoría sobre el terreno y todos los delegados representantes de cada comunidad orgánica han de formar parte de ésta y han de provenir de la misma, a la cual han de volver y en la cual, de hecho, viven.
Noam Chomsky

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Él no sabe que le observo. Que me fijo en cada detalle, en cada gesto. La magnitud de su sonrisa, y el brillo de sus ojos. Mi corazón se hincha. El cariño que le tengo es infinito. Quizá lo sabe. Quizá no. Pero creo que mi sonrisa no deja lugar a dudas.
Jamás podré dejar de sentir que es uno de los mejores seres humanos que me he encontrado en este planeta cada vez más marchito que nosotros llamamos Tierra.

Tú venías. (Fragmento)

Yo no sufrí, amor mío,
yo sólo te esperaba.
Tenías que cambiar de corazón
y de mirada
después de haber tocado la profunda
zona de mar que te entregó mi pecho.
Tenías que salir del agua
pura como una gota levantada
por una ola nocturna.

Novia mía, tuviste
que morir y nacer, yo te esperaba.
Yo no sufrí buscándote,
sabía que vendrías,
una nueva mujer con lo que adoro
de la que no adoraba,
con tus ojos, tus manos y tu boca
pero con otro corazón
que amaneció a mi lado
como si siempre hubiera estado allí
para seguir conmigo para siempre.
Pablo Neruda

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Eterno adultero que cree saber lo que es amar. Pero en realidad, su alma está vacía. Los placeres de la carne camuflan la verdad, y ahora ya no puede encontrarla. Entregarte en cuerpo y alma a un único ser. Ser consciente de que después de ese ser no hay nada. Aprender a querer de una manera honrada. Ellos aun no saben nada. Nada.


Despertarse mirando esa mirada. Sentir estremecer el espíritu, el alma. Dos brazos que te llevan protección y paz. Dos ojos que te regalan calma.

20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: <<La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros a lo lejos>>.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como el pasto al rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blaquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda