Thursday, September 11, 2014

Le voy a escribir el mejor poema de todos,
sólo para que se de cuenta
de que del dolor más absoluto
también podemos sacar belleza.
Que alguien te duela así,
en el centro del pecho,
a rabiar
y a borbotones,
manchándolo todo de carmín
y de luto,
también puede ser maravilloso.
Es sólo la otra cara de la moneda.
Lo que duele siempre es el amor.
Como cuando se muere un ser querido,
y todas tus lágrimas,
tus gritos,
tu rabia,
son ese amor
que se hace tangible,
visible,
palpable,
a través del dolor
más cruel de todos.
No lo estoy comparando
con eso,
no me confundáis,
pero el desamor también puede ser desgarrador:
desgarradoramente bello.
No sé explicar de qué manera,
pero sé sentir
la manera exacta en la qué el me duele.
Y justo después de la punzada,
mi sonrisa más sincera.
Explícame de que va esa mierda.
Porque no sólo es mi ex,
un nombre más,
otro pasado.
Es la persona que me dio vida
más allá de lo que mi madre pudo darme.
Me hizo vibrar de otra manera,
descubrir las miradas
que se vuelven borrosas,
el lado bueno de las cosas.
El jodido lado bueno.
Me vio cuando era invisible,
cuando no podía ni siquiera con mi alma,
cuando mi vida estaba a medias
y con la luz apagada.
Ya ves,
¿cómo puedes olvidar algo así?
El despertar definitivo,
la tormenta en la que aprendimos a bailar
mientras el cielo se nos caía encima.
Toda esa mierda.

Me duele como si alguien
me apuñalara en el centro del alma
y me quitara la misma esencia de lo que soy.
Así.
Como si sin él,
el mundo ya nunca fuera a ser igual.

Y no voy a engañarme,
sin él,
en la puta vida será igual.

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